MUY PERSONAL

Francisco Muro de Íscar

Periodista


La vergüenza de Europa

08/03/2020

Esta Europa imprescindible, si queremos tener futuro como sociedad moderna y si queremos ser voz respetada en el complejo concierto mundial, anda preocupada por las consecuencias económicas del coronavirus -tal vez más letales aún que las sanitarias- pero está permitiendo una tragedia en sus fronteras que debería avergonzarnos a todos los europeos. Europa está pagando muchos miles de millones de euros para que Turquía mantenga allí a cientos de miles de inmigrantes para que no entren en Europa. Viven en campos de refugiados de los que no pueden salir libremente, que son como los campos de concentración que hubo en Europa tras la Segunda Guerra Mundial. En tiendas de campaña, sin luz, sin agua, sin higiene, sin médicos, sin escuelas... Con frío extremo en invierno y mucho calor en verano. Para llegar allí han hecho viajes imposibles, han sido explotados. Muchas mujeres y niñas han sido violadas o abusadas sexualmente y todos ellos viven sin ninguna esperanza de llegar a la tierra deseada ni de volver a sus países de origen donde son perseguidos, asesinados o encarcelados.

Cuando Erdogan tiene problemas o quiere más dinero, "suelta" a unas decenas de miles de refugiados y amenaza a Europa con vaciar esos campos. Y Europa tiembla, pero acaba pagando lo que le exige el autócrata turco. Algo parecido sucede en Marruecos. También se soluciona con dinero, mucho dinero. O con contrapartidas comerciales de la Unión Europea que permite que productos marroquíes compitan, sin controles y en condiciones de ventaja con lo que producen nuestros agricultores. Europa sigue sin ser capaz de tener una política migratoria común, sin ofrecer contrapartidas de desarrollo a los países de origen, levantando muros, sin dar una salida en las fronteras a los más vulnerables, persiguiendo a los que se juegan la vida en el Mediterráneo o tratando de saltar las vallas terrestres, pero, eso sí, buscando en esos países mano de obra cualificada para poder sostener sus fábricas y empresas. Esa misma Europa, su Justicia (¿?), ha legitimado las devoluciones en caliente, es decir la posibilidad de echar a los inmigrantes que entren sin conocer si están en riesgo grave ni dotarles de una defensa jurídica. Se les echa y punto.

Mientras tanto, España está ya a la cola de Europa en las concesiones de asilo. Sigue levantando muros más altos en Ceuta y Melilla. Mantiene sin papeles a casi 10.000 menores inmigrantes, tutelados hasta los 18 años y abandonados en la calle, inmediatamente después. Y este Gobierno --que se oponía a las devoluciones en caliente, especialmente Podemos, al igual que el propio Tribunal Constitucional--, calla ahora de forma indecente. Como lo hace el Gobierno de las Islas Baleares en el caso de la explotación sexual de menores ¿tuteladas?

Nuestro sistema de acogida a los refugiados es raquítico, como ha dicho el Defensor del Pueblo. Y es falso, absolutamente falso, lo que algunos se empeñan en divulgar. Ser inmigrante en España no es ningún chollo. Todo lo contrario. Solo el 1,7 por ciento de ellos cobra ayudas sociales. Ningún inmigrante recibe dinero por el hecho de llegar a España, solo atención humanitaria básica. No optan a ayudas antes que los españoles. No hay mayor tasa de criminalidad entre esos "extranjeros". Entre los que están hoy en ese terreno de nadie que es la frontera entre Turquía y Grecia --y también en España-- hay muchas mujeres y niñas que no tienen voz. Que no son escuchadas ni defendidas por nadie. Y que son absolutamente vulnerables. También ellas tienen derechos. Son personas como nosotros, pero no tienen un "Día de la Mujer". No tienen nada. Y Europa y nosotros los europeos, les damos la espalda vergonzosamente. Como dijo el Papa Francisco, "hay comida para todos, pero no todos pueden comer". Hay espacio para todos, pero no queremos compartirlo.