Ignacio Fernández

Ignacio Fernández

Periodista


Arandina

21/11/2019

Comienza hoy en Burgos hoy juicio llamado “De la Arandina”, (qué culpa tendrá el equipo de fútbol de lo ocurrido cuando tres de sus jugadores se vieron envueltos en un caso de presuntas relaciones de una menor). Acabaremos sabiendo la verdad probada al término de este procedimiento y tras la sentencia. Mientras, éste y otros casos de jóvenes abusando de jóvenes se están convirtiendo en un género, casi en una sección de los medios informativos de esta España nuestra.
El juicio debería ser también el proceso a una deriva. La de una sociedad que no acaba de hacer encajar bien del todo las piezas que componen el delicado puzzle de la libertad. La de un mundo hiperconectado cuyos valores discurren a veces por los sumideros de la porquería por el mero hecho de que probar de todo se ha convertido en un valor excelso.  
De una sociedad mediática cuyos fundamentos necesitan ser reforzados por unos consumidores de información que deben ser cada vez más exigentes, menos complacientes, más responsables; pedirnos más, en suma, a que quienes los suministramos sintamos la presión de la demanda y no sólo los efluvios de la oferta. Cuánta educación y cuanta pedagogía se echa de menos.
De unas familias que trastean, zascandileando, entre la modernidad de ciertas formas de organizarse con la elementalidad tribal de los sentimientos primarios libérrimos. Como si la noción de responsabilidad fuera ajena a la de familia en ocasiones.
Entiendaseme, que hay que ser claros: ninguna práctica vejatoria es aceptable y menos con menores por el medio. Y el código penal es sagrado siempre. Pero las consecuencias tienen causas y el juicio penal quedaría cojo sin el juicio crítico. El que hace avanzar a las sociedades.