TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


El ritmo

28/05/2020

La frase «me he metido entre pecho y espalda seis partidos de Bundesliga seguidos» no entraba en ninguno de mis cálculos. No tenía ninguna intención de perder dos horas de un maravilloso martes de mayo asomado a un Dortmund-Bayern, no, pero en esos seis partidos (coronados por el Barça-Madrid de aquellas latitudes) he llegado a la conclusión de que este nuevo fútbol es una mierda. Tendría que haber usado, tal vez, alguna palabra más digna, culta, menos malsonante… pero la cosa no merece más reflexión. Pinchada en un palo y puesta a secar al sol, apunta otro de los que se han visto un mínimo de tres partidos post-parón.

Y ya no voy a insistir mucho más en la obviedad de que, a falta de público, cada acción parece mucho menos peligrosa o grave o bonita o espectacular de lo que es: faltando el grito de la masa y la onomatopeya al cielo, cualquier deporte pierde más de la mitad de su intensidad y pureza.

No obstante, lo que está convirtiendo estos partidos en una M mayúscula es la absoluta falta de ritmo. Cuando llegó el obligado aplazamiento, la Bundesliga estaba en un momento vibrante, donde dos equipos pugnaban por ver cuál de los dos era capaz de llevar la pelota más veces (y a más velocidad) al área contraria. Ese fútbol vertiginoso ha dado paso a duelos con una cadencia similar o inferior a los interesantísimos partidos de pretemporada. Y hay un motivo científico que lo justifica: cuando toda la planificación se destina a que los deportistas estén en plena forma en unos meses concretos… y en esos meses la competición se ha detenido, el regreso es el como el paseo de los viejos elefantes que ya desgastaron sus rodillas, un juego aburrido, lento, con contactos mínimos, celebraciones sin celebrar y un balón que parece pesar tres kilos.