CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


Lenguaje para listos... o para tontos

"Constatamos avances en la definición de los instrumentos necesarios para encauzar el conflicto político sobre el futuro de Catalunya, que deseamos abordar desde el respeto y el reconocimiento institucional mutuo. Durante la reunión se ha abordado la recuperación de derechos sociales, civiles y laborales, donde destacamos coincidencias notables”.

La gallina.

El lenguaje de la confusión, el más adecuado para no decir nada. Dos horas y media de negociaciones que se completan con un comunicado conjunto que solo pueden comprender los muy listos, los que están en la pomada … o los tontos que se encandilan con palabras como avances, respeto, recuperación de derechos o coincidencias notables. Todo el mundo sabe que lo mejor para no contar lo que ha sucedido es dar vueltas a las explicaciones y, cuantas más vueltas, más importantes parecen las conclusiones. Cuando lo habitual es que se trate de conclusiones no confesables.

Del comunicado conjunto nos quedamos con dos palabras, solo dos: “conflicto político”. Por segunda vez en apenas diez días, el Psoe, el gobierno, Pedro Sánchez, asumen la definición que hacen los independentistas sobre lo que ocurre en Cataluña, con un sector de la sociedad apuntado a la guerrilla callejera, otro que vive atemorizado porque en cualquier esquina le pueden llamar traidor por sentirse español y los máximos dirigentes independentistas condenados por sedición o huidos cobardemente de España mientras sus compañeros cumplen penas de prisión. Sánchez decía hasta hace poco que el problema de Cataluña era de convivencia, y se encabritaba cuando los independentistas se referían al conflicto político. Pues ahora abandera el presidente en funciones el concepto conflicto político y se queda tan ancho mientras, la mayoría de los españoles se hacen cruces ante un presidente que parece haber perdido el norte.

Un presidente, esa es la clave, que no ha superado las investiduras de marzo del 2016 ni las de julio de 2019, y que está en Moncloa gracias a una moción de censura. Si tras las elecciones del pasado noviembre no consigue ser investido, tendrá que dejar la política con la cabeza gacha, derrotado, juguete roto. Por eso juega a la desesperada, negocia con quien juraba y perjuraba que jamás negociaría y trata de ganar tiempo avalando comunicados tan absurdos como el que acaban de hacer público su equipo y el de Junqueras.

Todo eso ocurre el mismo día que el Rey inicia su ronda de consultas con los grupos parlamentarios, ronda a la que se niegan a acudir tres de los partidos que apoyarían la investidura de Sánchez. Curioso. No acuden a la ronde porque no reconocen la autoridad del Rey Felipe ni reconocen la monarquía parlamentaria, se sitúan al margen de la Constitución. Cualquier presidente que respete la Constitución y la ley se negaría a depender de partidos como los que se han negado a ir a Zarzuela, pero Sánchez negocia lo que haga falta con tal de ser elegido. Aunque sea con fórceps.