VERDADES ARRIESGADAS

Víctor Arribas

Periodista


Las cosas de la política

27/12/2020

Para contestar a las insistentes preguntas de los periodistas sobre las discrepancias internas en el Consejo de Ministros, la portavoz del Gobierno inventó esta semana una de esas frases míticas a las que nos tiene acostumbrados: con una sonrisa pícara, María Jesús Montero nos dijo a los españoles que conviene diferenciar entre «la política de las cosas y las cosas de la política». Leyéndola entre líneas, creo poder discernir que lo primero son los proyectos que su Ejecutivo está llevando a cabo, sobre todo en un año malvado en el que no ha tenido culpa de nada de lo ocurrido y siempre se ha preocupado de las clases populares y de que nadie quede atrás, y lo segundo son esas cosillas sin importancia que surgen en el día a día de la acción de gobernar, anécdotas que los medios de comunicación, empeñados en remar contra la corriente, magnifican y elevan a categoría. Nada transcendente, las cosillas de la maldad de algunos manipuladores. Por ejemplo, la refriega por la subida del salario mínimo que pagan los empresarios, o el espaldarazo a la ocupación ilegal de viviendas. O las estrategias opuestas en política exterior en asuntos como Marruecos o Venezuela, donde las dos almas gemelas del Gobierno parecen marcar objetivos completamente distintos. O, rizando el rizo de lo kafkiano, que una parte del Gobierno acose diariamente a la primera institución del país, la Corona, mientras la otra dice defender la monarquía parlamentaria con una boca de piñón más pequeña que una molécula. Pequeñas cosas sin importancia... 
La política de las cosas en cambio es como el internet de las cosas: inunda nuestras vidas sin que reparemos en ello, nos cambia los hábitos guiándonos por el camino correcto y se cuida de nosotros para que no tengamos que preocuparnos lo más mínimo. Por ejemplo, si tu empresa te ha incluido en un ERTE. Aunque lleves sin ingresar un solo euro desde el pasado febrero, debes estar tranquilo porque la política de las cosas se está ocupando de tu problema y serás de los primeros en verlo resuelto. Como los hosteleros o los comerciantes que llevan nueve meses entre el cierre de sus negocios y las aperturas tímidas y sin apenas clientes. Ellos deben saber bien que la política de las cosas solucionará sus dificultades, gracias al maná de los fondos europeos que cual hidalgo contra molinos de viento logró nuestro presidente aquella madrugada de verano. Nada de lo que preocuparse, la sencillez de la política del Gobierno logrará que el dinero comunitario no se quede en las altas esferas empresariales, habituadas a cazar subvenciones pagando a carísimos lobbistas a cambio de comisiones millonarias. Nada que temer porque las cosas que realmente importan no tienen nada que ver con las cosas que se magnifican.