UNA COL

Aurelio Martín

Periodista


Más reflexión

23/05/2020

Que Segovia está reñida con las infraestructuras es un asunto que va  vinculado a la historia, a no ser que sea paso obligado, como el corredor ferroviario de alta velocidad, que costó lo suyo para que tuviera una estación –y al final ubicada a las afueras de la capital–,  o previo pago de peaje en las autopistas de conexión con Madrid, porque el de Valladolid lo asumen el conjunto de los contribuyentes castellanos y leoneses.  También podríamos hablar del agua y la lentitud con que se proyectan los embalses...    
Esto puede ocurrir porque tenemos una población poco significativa en el recuento electoral, con políticos de tradición poco ejecutiva que tienden a guardar sus puestos,  escasamente reivindicativa y dividida, que se pierde en debates estériles y que termina por rebajarse al terreno personal sin pensar en el beneficio colectivo, recurriendo antes al insulto y la descalificación que al debate reflexivo. Pero es tradición ir perdiendo trenes, puede que desde que comenzara el declive de la industria pañera, hace 500 años. 
Ahora nos encontramos en una nueva encrucijada, en este caso vinculada a los servicios sanitarios, derivada de la pandemia de la Covid-19 que ha azotado a esta tierra con extraordinaria virulencia porque, como no hay desarrollo, o no se trabaja con ahínco para ello, miles de personas viajan para estudiar o trabajar en Madrid,  foco de contagios, y de donde suelen venir a descansar o a degustar la gastronomía quienes residen habitualmente en esta capital, así como los emigrados. 
Las autoridades sanitarias han percibido ahora que carecemos de suficientes medios y hablan de pagar la deuda, pese a que, por ejemplo, el actual gerente de Sacyl, Manuel Mitadiel (Cs), como procurador, pidió a la Junta de Castilla y León que recuperara el Hospital Policlínico, para estancias medias, al ser la única capital de la Comunidad que carece de este servicio. Ya pasó en pleno franquismo cuando Segovia se quedó sola en España sin ambulatorio,  hasta que se inauguró en 1967 el actual centro de salud de Santo Tomás.  El edificio de San Agustín, abandonado hace doce años, cuya custodia la tiene el Ministerio de Trabajo, ha dado para escribir cientos de páginas que, revisando la hemeroteca, se pueden resumir casi en un desprecio político hacia los segovianos, con medidas verdades y promesas incumplidas.        
Cuando se habla de la reconstrucción de la sanidad, sin que se conozcan los extremos, la inversión ni los plazos,  ya se vislumbra la división entre recuperar el Policlínico, en un caso histórico al que no se le ha incluido en ningún programa de revitalización, y un centro de nueva construcción.  Cuidado que quizá se busque esa confrontación para escurrir el bulto y dejarnos como estamos o, en el mejor de los casos,  ampliar lo que existe pero perdiendo camas,  al coste de un hospital nuevo, como ocurrió con el complejo hospitalario.  
Que las partes implicadas recurran a la reflexión y a la política inteligente y efectiva, mientras los destinatarios del mensaje recuerden también que están pendientes el centro de salud 'Segovia IV' y la unidad de radioterapia.