COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Presupuestos para ir tirando

03/12/2020

Con la aprobación del proyecto de Presupuestos Generales del Estado por el Congreso se pone fin a una anomalía que ha durado mucho tiempo como consecuencia de la inestabilidad que ha presidido la vida política en estos últimos años -moción de censura, dilación en la convocatoria de elecciones generales y su repetición- lo que no quiere decir que se vaya a entrar en una etapa de mayor tranquilidad porque el sobresalto y la presión sobre todas las columnas del Estado van a seguir siendo la norma. Con un socio de gobierno que es un Jano bifronte que mira a la vez hacia el pasado para acabar con el régimen el 78, y hacia un futuro para el que se ha aliado con el independentismo catalán y vasco que desdibuja su perfil propio, y siendo a la vez gobierno y oposición, el apoyo parlamentario conseguido por Pablo Iglesias –ERC y EH Bildu a costa de Ciudadanos- va a costar al ala socialista del Ejecutivo tragar muchos sapos y causará muchos desvelos a Pedro Sánchez.  

Contar con unas nuevas cuentas públicas que superen las elaboradas hace tres años por Cristóbal Montoro es imprescindible para que el Gobierno pueda llevar a cabo sus políticas con aprovechamiento de los fondos que han de venir de la Unión Europea salvífica, y son claramente socialdemócratas sin llegar a exageraciones izquierdistas para ir tirando a la espera de la mejora de la economía. Las necesidades sociales impuestas por la pandemia eran un buen motivo para que estos PGE hubieran tenido un apoyo transversal y un carácter de Estado. Pero los partidos están más por la confrontación y por mostrar su faceta de alternativa que por el acuerdo. Nadie tuvo voluntad política de acercar posturas y se ha desaprovechado la oportunidad de demostrar la voluntad de acuerdo que la ocasión requería, y en este caso sí, se puede firmar el acta de defunción de una forma de hacer política, la del consenso, más mitificada que real.  

Los Presupuestos pasan este trámite fundamental con más apoyos que los que tuvo Sánchez en su investidura. Cuantitativamente todos los votos son iguales y el Gobierno podrá enarbolar una mayoría solvente que le puede proporcionar una gran estabilidad para acabar la legislatura con unos presupuestos que pueden servir para tres años, aunque este plazo en política es una eternidad. Cualitativamente, esos votos vienen con una que de forma exagerada hablan de que se pagan con sangre, con presos o con la disolución de la Nación, como si se hubiera olvidado el pasado de golpe que los críticos de ahora tiraron en su día la primera piedra y pagaron peajes de los que proceden estos lodos.  

Pretender hacer tabla rasa con un ejercicio de desmemoria es hacer trampas, mientras que desde Unidas Podemos le han cogido el gusto a aumentar la apuesta en cada momento con propuestas que tensionan todas las instituciones y sobre las que en algún momento el PSOE tendrá que mandar parar, porque una cuestión es presionar con medidas de carácter social y otra someter a tensiones insoportable las costuras del Estado para las que la suma de UP y los independentistas no tiene la suficiente masa crítica y están condenadas al fracaso, por mucho que se dude interesadamente del compromiso de los socialistas en su conjunto, y de Pedro Sánchez en particular,  con la defensa de la Constitución en su integridad.