TRIGO LIMPIO

Luis Miguel de Dios

Escritor y periodista


Mesías

Y entonces el gran Ordoño II y Alfonso IX, último rey leonés y padre de Fernando III el Santo, monarca ya de Castilla y León, se aparecieron en persona a José Antonio Díez, alcalde de León capital, le ungieron como su sucesor y le dijeron: «Tienes que liberar a León de la tiranía de Castilla, enarbola la bandera leonesa y conduce a tu pueblo hacia la libertad, la prosperidad y la luz». El alcalde preguntó qué hacía con Zamora y Salamanca y los monarcas dudaron: «De momento, mételas en el Reino, aunque no parece que por allí estén mucho por la labor». Y el virrey Díez se vistió de Moisés, viajó por varios medios de comunicación anunciando la Buena Nueva, conectó con la Unión del Pueblo Leonés (UPL), cuyos votos necesita para seguir en la alcaldía y aprobar los presupuestos, y se dispuso a ser el perfecto heredero de aquellos monarcas medievales. Había nacido un nuevo mesías, como es fácil comprobar en la sonrisa y apostura de don José Antonio cuando da la mano a algunos de los escasos manifestantes que le jaleaban tras el pleno del ayuntamiento. Ya está en la estela de Boris Johnson, Salvini, Puigdemont, Torra y demás héroes de la secesión, la creación de fronteras y el uso de la demagogia, el populismo barato y las mentiras (perdón, falsas verdades). Aunque los presupuestos de la Junta digan, año tras año, lo contrario, para Díez, la UPL y algunos de Podemos, León está discriminado con relación a Castilla. ¿A qué Castilla?, ¿a Soria?, ¿a Ávila?, ¿a Palencia?, ¿a casi todas las comarcas de Burgos?, ¿está marginada la Tierra de Campos leonesa respecto a la Tierra de Campos palentina o vallisoletana? Pero, claro, eso vende bien. Siempre conviene buscar enemigos externos para tapar muchas otras cosas. ¿No se parecen demasiado las palabras de Díez al «España nos roba» o a las diatribas de Johnson contra la Unión Europea? Lo que le faltaba a esta tierra, que en vez de volcar nuestra energía en la busque de soluciones a los graves problemas económicos y sociales que nos aquejan nos dediquemos a discutir y reñir sobre límites territoriales. Pero, ¡ay!, son tiempos de mesías.