DESDE EL ALA OESTE

Fernando Aller

Periodista


El blanqueo de los verdugos

14/02/2020

Ya se sabe que la memoria es arbitrariamente selectiva, caprichosa. Circunstancia sin duda por la que a uno le ha surgido el recuerdo de aquella manifestación en la que el personal de limpieza de León exigía mejoras salariales en medio de una ciudad sucia, con las calles llenas de bolsas de basura por la huelga que ya duraba varios días. Lo llamativo fue que, a la cabeza, sujetando la pancarta, desfilaba el concejal responsable del servicio, aunque no se diera por aludido, de quien se esperaba la solución al conflicto. Con un par… se diría entonces y ahora.
Para el próximo domingo los sindicatos Comisiones y UGT han convocado manifestaciones en la capital de la provincia, Ponferrada y Villablino, bajo el eslogan «Es el momento de León». Tan ambiguo enunciado no oculta la crítica a los responsables de los hechos que se denuncian: la pérdida de población y el declive económico de una provincia que parece haber llegado a un punto de no retorno con el cierre de la minería del carbón, su motor económico en las últimas décadas y para el que no se ha sabido gestionar alternativas ni piezas de recambio.
Al igual que en la huelga de la limpieza, también ahora se aprestan a llevar la pancarta las instituciones y organizaciones que han oficiado de verdugos, por acción, omisión o incapacidad. El llamamiento sindical se enmarca en una Mesa de negociación en la que han logrado sentar a la ministra Teresa Ribera con el afán de articular una «transición justa», que repare los daños colaterales que provoca el nuevo modelo energético. En el ámbito de esos perjuicios se han sentido afectados todos. La federación de municipios sacará a la calle los pendones para dar color a la protesta, las patronales se han sumado al llamamiento sindical (es gratis), las asociaciones campesinas acudirán con tractores, Diputación, ayuntamientos y partidos políticos harán un ejercicio de exorcismo para redimir su inexcusable culpa y los partidarios de la segregación autonómica creen haber encontrado en la protesta su aval irrefutable. Demasiado profusa y confusa la reivindicación, aunque eso tampoco puede ocultar la realidad y el mensaje: Aquí hay cabreo.