TRIGO LIMPIO

Luis Miguel de Dios

Escritor y periodista


Gracias, Pepe

09/03/2020

Ayer murió en Valladolid José Jiménez Lozano, el mayor y más hondo intelectual de cuantos he conocido o leído. No exagero. Autor de 19 ensayos, 23 novelas, 13 libros de relatos, 9 de poesías y otros 7 de diarios, Pepe fue un pensador, escritor y periodista ajeno a modas. Y muy alejado también de la vanidad y la soberbia que, por desgracia, suelen acompañar a quienes se dedican a la creación literaria. Tampoco buscó la fama. Le llegó el reconocimiento porque tenía que llegarle, porque por mucho que se apartase de tertulias, círculos y corrientes su obra estaba ahí: potente, incisiva, imaginativa, culta, pegada a la tierra o alumbrada por la ficción y la sabiduría. Y esa obra, claro, derrotó al voluntario aislamiento en el que Pepe se refugió en el pueblo de Alcazarén (Valladolid), donde ha vivido los últimos 50 años. Y tanto lo derrotó que, pese a alejarse del mundanal ruido, fue Premio Cervantes, Premio Nacional de las Letras, Premio de la Crítica, Premio Castilla y León… Y todo sin pretenderlo, sin mover influencias, sin amistades poderosas. Bastaba con sus reflexiones; con sus cuentos; con sus poemas; con la profundidad y altura de sus pensamientos; con una prosa densa y divertida; con la tierna y sugerente recreación de personajes como Sara de Ur, San Juan de la Cruz, los visitantes del portal de Belén, Cervantes, o Abram y su gente; con las parábolas y circunloquios de Rabí Isaac Ben Yehuda, con las vicisitudes de Chichola Sacris y los demás personajes de ‘Duelo en la Casa Grande’… Y quizás hubiera bastado con esa maravilla impagable titulada ‘Guía espiritual de Castilla’, que debería de ser de lectura obligatoria en todas las escuelas e institutos de esta tierra y que alguien tendría que reeditar. Solo este libro justificaría una trayectoria literaria de primer nivel y un reconocimiento eterno. Pero Pepe no se daba importancia. Un día le gasté la broma de que se merecía una estatua. Con su habitual sorna, me dijo: «Quita, quita, las estatuas solo sirven para que las caguen las palomas». Se ha ido, conforme a su carácter, en silencio, casi a los 90 años, dejándonos un legado genial e impagable. Gracias, Pepe, muchas gracias.