DESDE EL ALA OESTE

Fernando Aller

Periodista


Fundación fundida

Hace dieciséis años, el Gobierno de Juan Vicente Herrera creó la Fundación Villalar, un organismo adscrito a las Cortes de Castilla y León que tenía como fin promover la adhesión popular a una autonomía nacida con mal pie y, consecuentemente, siempre vista trastablillante en sus andares. Aquel defectuoso parto vino motivado únicamente por una más que deficiente gestación.
La Fundación bautizada con el nombre del pueblo donde se ha venido celebrando aquel natalicio, también con nulo entusiasmo popular, aún tiene encomendado promocionar las señas de identidad que definen nueve provincias en una comunidad. Por poco tiempo. El presidente del Parlamento Regional, el «ciudadano» Luis Fuentes, acaba de certificar que el intento, en el que se han gastado 25 millones de euros, ha fracasado y que el chiringuito se cierra.
En realidad, nada nuevo. El pacto de Gobierno suscrito por el Partido Popular y Ciudadanos ya preveía esta amortización. Si acaso sorprende que el presidente Mañueco haya aceptado sin rechistar, al menos públicamente, la exigencia de su socio de gobierno. No es una cuestión menor. El reconocimiento del fracaso de la Fundación Villalar supone una enmienda a la totalidad en la gestión de un asunto no menor en política, cual es la adhesión de los gobernados a un proyecto común.
Claro que no toda la culpa es imputable a los sucesivos gobiernos habidos en estos últimos 16 años. Tanto el PP como el PSOE, coincidentes en el diseño territorial, han tenido al enemigo en casa. Becas de investigación otorgadas con el fin de sustentar la actual configuración autonómica en guerras personales y decisiones regias anacrónicas, concursos escolares de adoctrinamiento y publicaciones sin apenas repercusión social, han sido nulo bagaje frente a políticos, de uno y otro signo, que no han tenido escrúpulos en azuzar el enfrentamiento en beneficio propio. Alcaldes populares y socialistas han recurrido con frecuencia a señalar enemigos ajenos para blindar ante el pueblo que les vota su popularidad o la propia incompetencia. Y contra la frivolidad, no hay fundación que resista.