Editorial

ERC cierra cualquier puerta negociadora con el veto a Iceta

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Esquerra Republicana (ERC) ha optado definitivamente por dinamitar todos los puentes con el futuro Gobierno. Dilapidar el modelo de consenso a la hora de elegir el senador autonómico desde el inicio de la democracia no es la mejor carta de presentación de cara a formar el Ejecutivo después de las elecciones locales, autonómicas y europeas. Aunque sin duda, este conflicto se ha originado precisamente ante la necesidad de posicionarse ante los comicios que tendrán lugar el próximo 26 de mayo. Aun así, no hay precedentes en ninguna comunidad autónoma de un veto de esta índole que hasta los vascos del PNV ven incongruente de cara a formar una Cámara Alta más abierta al diálogo y sensible a las reivindicaciones de las regiones.
Los independentistas -incluido Junts per Catalunya (JxCat)- tensan toda negociación y se desentienden de cualquier pacto y trazan una línea roja que difícilmente se podrá superar hasta que no llegue el día después de las elecciones. El Gobierno en funciones, por más que intente demostrar que no cederá a las imposiciones de los grupos con los que tendrá que contar si Sánchez quiere volver a ser investido presidente, también se expone a un chantaje al que tanto ERC como JxCat recurrirán constantemente mientras que no haya una resolución judicial del procés. Otro tipo de fórmulas para pactos se tornan más complejas. Sin embargo, el desgaste será mayor cuando se conformen las cámaras de las Cortes y empiece la cuenta atrás para contar con los apoyos necesarios para sacar adelante los proyectos. Superadas las estrategias electorales, está por ver hasta dónde será capaz de aguantar el PSOE el envite de los independentistas a la hora de formular salidas para estabilizar Cataluña. Con un Parlament vendido a la causa de los procesados por el referéndum ilegal y el aumento de poder que auguran las encuestas a los candidatos de ERC, cada vez se ven menos luces para una comunidad donde solo se vive la política desde la contestación y la confrontación.
Si ERC es incapaz de aceptar a Miquel Iceta como senador por el mero hecho de que sería nombrado presidente de la Cámara es que hay pocas esperanzas de que los supuestos defensores de las vías de diálogo vayan a ceder en otros campos. Resulta también desesperante que los independentistas ni tan siquiera muestren un ápice de concesión a un político que siempre ha apostado por la vía federalista, como es el secretario general de los socialistas catalanes. También deja a las claras que ERC, a los que el actual gobierno les otorgaba un papel más negociador, no es de fiar cuando se trata de normalizar la política y, en definitiva, la vida de los ciudadanos.