TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Hasta que pueda

La araña, cuando le quitas todas las patas, se queda sorda. Ésa era la conclusión, según el viejo chiste, de un aracnólogo que iba llamando a una pequeña araña: el bicho acudía a la llamada del humano, cada vez más lentamente conforme éste le iba quitando patas una a una. Y sí, aunque con una patita fue capaz de arrastrar el cuerpo hacia la voz del científico, sin patas… se quedó sorda. La conclusión más absurda posible, el golpe de efecto del chiste, es lo que puede pasarle a un Atlético de Madrid y sobre todo a sus seguidores, quienes espetan con demasiada facilidad lo de «esto lo arregla Simeone».

En el constante crecimiento presupuestario que vive el Atlético hay, asimismo, un estancamiento deportivo desde la 16/17, como si el mismísimo Cholo hubiese entrado en depresión tras la final de Milán (15/16) y su fatídica tanda de penaltis. Trató de rearmar a un equipo semifinalista -de nuevo derrotado por el Madrid- al año siguiente, eliminado el pasado por aquel doble empate frente al Qarabag (el título de la Europa League fue un consuelo relativo) y destrozado el presente por esa remontada sui generis (del género de Cristiano, supongo) de la Juventus, de 2-0 a 0-3. A 16, 3, 15, 14 y 11 puntos del campeón de Liga desde que la ganó en 2014. Y con esa sensación incómoda, a pesar de la fe ciega y crédito ilimitado en Diego Pablo, de que el proyecto tenía fecha de caducidad y algunos lugartenientes (Raúl, Gabi, Godín, etcétera) lo van dejando huérfano.

Griezmann es el penúltimo de la lista. La salida del francés puede dejar una peligrosa puerta abierta a los Rodri o Saúl, que también pueden dejar el Wanda y al Atleti con la sensación de seguir, a pesar de todo el esfuerzo (maravilloso, por otra parte) de estos años, en un incómodo segundo peldaño. Y sin patas, el proyecto y la idea no se sostienen.


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