TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Moon y Mou

Keith Moon, uno de los más grandes y excéntricos músicos de la historia del rock, dejó a los Who sin batería en 1978, cuando había cumplido 32 años. No fue un caso aislado en una época de excesos, pero sí el único conocido de alguien que falleció por una sobredosis del fármaco que utilizaba precisamente para controlar su adicción a las drogas, paradoja equivalente a subir de peso comiendo muchas pastillas para adelgazar. De alguna manera perversa, esa idea, la de pesar que algo aparentemente bueno puede hacerte mucho daño, es la todavía no se ha instalado definitivamente en el Bernabéu con Mourinho como protagonista.

Un repaso a su estancia en Madrid deja el club destrozado en todos sus estamentos, del palco al césped, de la grada a los despachos, del colectivo arbitral a la UEFA, de las relaciones con otros clubes a las relaciones con otros entrenadores; fue lo del dedo en el ojo a Tito, lo de Casillas, lo del difunto Preciado llamándole «canalla», lo de Pedro León, lo del «¿Por qué?» cuestionando al Barça, lo de tantas cosas, tanta polémica y tanto ruido para una Liga y una Copa del Rey en tres campañas… que resulta increíble que el madridismo mencione su nombre cada vez que se ve en crisis, como si Mou fuese una solución inmediata cuando demostró sobradamente que es un tremendo generador de problemas.

A Keith Moon, uno de los más grandes y excéntricos músicos de la historia, le prohibieron entrar en los hoteles de las cadenas Holiday Inn, Sheraton, Hilton y Waldorf-Astoria porque tiraba objetos (de mobiliario a televisores) por la ventana, detonaba inodoros o reventaba colchones de agua en las habitaciones. A Mourinho, que en cierto modo fue igualmente destructivo en Chamartín, todavía le esperan con las puertas abiertas.