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Víctor Arribas

VERDADES ARRIESGADAS

Víctor Arribas

Periodista


Adoctrinar

05/06/2022

La verdadera tragedia de la educación en España no es, aunque lo parezca, que se incluyan en los libros de texto conceptos ideológicos partidistas, como estamos viendo. Lo peor es que en cuarenta años de democracia, nuestro país haya tenido ocho leyes educativas distintas, a cual peor, que han propiciado un evidente e incontestable deterioro de la enseñanza y de sus resultados: convendremos todos en que hoy los alumnos que obtienen su título de Bachillerato están peor preparados que los de hace cuatro décadas en Historia, Literatura, Lengua Castellana o Ciencias. Con ese estigma sobre nuestras cabezas, los dos principales partidos que han gobernado todos estos años, y han dominado el Parlamento de forma alternativa, siguen jugueteando con la educación de los niños y jóvenes, tratando de llevar a su terreno ideológico los postulados de una enseñanza de calidad. Y esto es una tragedia nacional que ríete tú de la reforma de las pensiones o de la escalada de los precios que a todos nos asfixia. Esto significa que un país se niega a sí mismo su futuro, se cierra la puerta al progreso. Si a esto le sumamos la inexistente política de fomento de la natalidad en pleno invierno demográfico, las expectativas para vivir las próximas décadas en España cortan la respiración.

Partido Socialista y Partido Popular, si puede ser con el resto de formaciones que no buscan la destrucción de España que son demasiadas, tienen la obligación de presentar conjuntamente un proyecto de marco legal educativo, consensuado y riguroso, por el que en los próximos veinte años se recupere la calidad de la enseñanza y volvamos a estándares europeos en formación de nuestras nuevas generaciones. Si eso no ocurre seguiremos viendo cómo en cada legislatura el presidente de turno promoverá, junto a su ministro de Educación, una ley nueva que será bombardeada desde la oposición. LOECE, LOGSE, LOPEG, LODE, LOE, LOMCE y LOMLOE, además de jeroglíficos indescifrables para los ciudadanos, son un desastre nacional que propicia situaciones como la que estamos viendo: libros de texto para jóvenes bachilleres a los que se adoctrina sobre lo que deben pensar, que anulan la capacidad crítica y valorativa, que imponen el pensamiento buenista trasladando a las páginas de los manuales las obsesiones de una ideología determinada, convertidas en martillo constante de debates sociales interesados y sesgados: la ecología, el feminismo radical, el aborto como derecho, los riesgos de las grandes corporaciones y de la globalización… las manidas obsesiones que cada día observamos en los políticos, llevadas al libro con el que un profesor enseña a sus alumnos en clase.

Pocos son los ministros que han intentado ese consenso. Ángel Gabilondo lo tuvo casi a mano, pero el desastre económico del gobierno Zapatero frustró las posibilidades de que se plasmara en una ley consensuada. Y a Esperanza Aguirre le frenaron los catalanes una ley que nacía con ese mismo espíritu porque no convenía apoyar al gobierno de entonces por motivos muy distintos al interés de la educación.