LA OTRA MIRADA

Ilia Galán

Poeta y filósofo


Vivos municipios

16/08/2020

Llegar al pueblo casi deshabitado en invierno era un encuentro con la paz y el silencio. Ahora, las ruedas no paraban de dar vueltas buscando el imposible aparcamiento. Todos, familiares y amigos, se habían acumulado entre sus casas con las máquinas de viaje. ¿Dónde aparcar? El campo es amplio, la montaña grande, pero los lugares para las ruedas de las máquinas a veces no son o están lejanos. La amenaza del virus arroja a cientos de familias que desde hace décadas no aparecen en las calles rurales donde los bosques colindantes llenan de paz sus noches. Bullicio y alboroto, vida alegre se extiende por este municipio italiano, Prata, que, además, ve cómo van vendiéndose sus vetustas casas, antes abandonadas muchas de ellas al vacío y al polvo... Desde Milán, Turín o Florencia vienen... Son muchos los que ahora quieren vivir en un pueblo, disfrutar de sus alrededores, de sus gentes, a veces, constituyendo una gran familia.
No es muy distinta la situación en muchos lugares de España. Durante años, las ciudades se han ido tragando a los pequeños municipios y los ayuntamientos se han trasladado a otros más grandes para ahorrar costes y dejar a veces abandonados aldeas o pueblos lejanos. Los del lugar conocen mejor que nadie sus problemas, cierto, a menudo desdeñados por los habitantes de la capital. Espíritu cerrado, en ocasiones, que solo mira a lo propio. Campanilismo, lo llaman en Toscana: cada uno observa desde su campanile, desde su campanario, en alto, pero con poco horizonte, sin mirar los otros. Los problemas locales tampoco se ven muchas veces desde las urbes.
La actual rebelión municipal parece amenazar al Gobierno central con una posible derrota en el Congreso de los Diputados. No son solo los pequeños municipios, también alcaldías grandes como Barcelona. Hay general enojo. Que las arcas estatales tomen sus ahorros para cubrir los agujeros de la bolsa pública no parece agradarles. Comienza el expolio. Muchos gastos por torpezas y por culpa del virus, muchos dispendios y hermosas propuestas, sueldos universales, pero, ¿quién trabaja para ganarlos?, ¿de dónde salen los dineros?, ¿quién es el mago que las riquezas crea y expande?
El campo, los agricultores y ganaderos son la fuente primaria de nuestras sociedades, riqueza evidente, necesaria, porque todos comemos. También necesitamos techo y vestidos, objetos varios. Ahora la vestimenta nos la tejen los chinos, de virus también exportadores, y con inteligentes negocios dejamos hundir nuestros telares y buena parte de nuestros tejidos industriales, por eso no había mascarillas defensivas durante meses... Nuestro país es dependiente, drogodependiente de un exterior que no nos defiende y que atacarnos bien puede. Los pueblos de lo esencial bien entienden, y se ríen a menudo de la panoplia de las ciudades, del lujo excesivo que bien parece abusivo, más cuando tantos padecen. Pastan los ganados los perdidos, agostados prados.