ENTRE HOY Y MAÑANA

Juan Manuel Pérez

Periodista


Mascarilla para todo

18/07/2020

Hemos sido de los últimos en sumarnos al club de los embozados a todas horas y en casi todos los sitios. La mascarilla es obligatoria desde este sábado en Castilla y León; para salir a la calle y para permanecer en cualquier espacio público cerrado. Ya no vale con mantener la distancia social, desde ahora los montaraces saben que se enfrentan a una multa, además de al desprecio y las malas caras de sus convecinos. Apenas quedan comunidades que estén libres de esta exigencia. Las hay incluso, como la andaluza, que las imponen para ir a la playa o la piscina. Aprovecho por tanto esta columna para disculparme ante todos aquellos amigos y conocidos a los que negaré el saludo. Que sepan todos ellos que no será por mala fe ni porque se me haya atravesado el día, será porque aún no he desarrollado el reconocimiento ocular tan necesario en este tiempo nuevo.
El repunte de casos de las últimas semanas ha puesto en alerta a las autoridades sanitarias, que eran conscientes de los problemas de salud que iba a traer consigo el fin del confinamiento y la llegada del verano. La ciudadanía está siendo muy comedida en términos generales, pero era una ilusión seguir pidiendo plena castidad, sobre todo a los jóvenes y a sus hormonas desbocadas. Los datos de los contagios están arrojando más incertidumbre sobre un pésimo verano. El miedo nos atenaza y son pocos los que deciden salir al rescate de los sectores mas castigados por la crisis. A este que escribe se le caía el alma a los pies al pasear por una Salamanca sin turistas y con los camareros cruzados de brazos.
Esta semana al menos nos ha dejado un acto solemne, el del homenaje a las víctimas de la pandemia, donde los políticos supieron estar a la altura durante la ceremonia. Después del ruido de los últimos meses resultaba enternecedor ver a Zapatero y Rajoy charlar de manera distendida, o a Torra y Urkullu compartiendo paseíllo con Feijoo y Moreno Bonilla. Puede que haya sido solo un espejismo veraniego y que en otoño volverá la bronca o puede que se haya dado cuenta de que con su mediocridad nos están llevando directos al precipicio.