CRÓNICA PERSONAL

Antonio Casado

Periodista especializado en información política y parlamentaria


Amor y pedagogía

20/01/2020

Para la derecha, los niños son de los padres. Para la izquierda los niños son del Estado. La polémica hunde sus raíces históricas en los finales del siglo XIX y principios de XX, cuando don Miguel de Unamuno, el querido maestro, escribió su Amor y Pedagogía (primera edición, 1902).

No se pierdan este párrafo:

"Y sobre todo, ¿qué es eso de los derechos de los padres? Santo Tomás de Aquino enseñaba que no hay derecho a bautizar a un niño contra la voluntad de sus padres, pues ante todo está la libertad de conciencia de los padres de hijos que no la tienen. Y aún hay quien ha propuesto, aquí, en España, establecer por cuenta del Estado la pedagogía socialista".

¿Se imaginan que las derechas, e incluso las izquierdas, hubieran pillado estas líneas, aún sacadas de contexto, para aplicarlas al aquí y ahora de la vida política nacional? Pero no es el caso. Ni a los guionistas de Casado-Abascal ni a los de Sánchez-Iglesias se les ha ocurrido consultar la extravagante aventura de don Ávito Carrascal, el personaje unamuniano que quiso hacer de su hijo un genio, mediante la pedagogía.

Menos mal, porque el libro está plagado de perlas pintiparadas para traerlas a colación respecto a esta absurda controversia del pin parental manufacturado por Vox y apoyado por el PP, en forma de veto a enseñanzas complementarias, pero evaluables y obligatorias en los planes educativos: educación vial, violencia de género, acoso escolar, respeto al diferente y otros valores de ciudadanía.

Una polémica contaminada por el partidismo que parece diseñada por los guionistas de Moncloa, expertos en mercadotecnia. Le viene de perlas al recién nacido Gobierno "progresista" de coalición PSOE-UP, en la seguridad de que el asunto mejora su facturación electoral.

En este sentido, no le debe caber ninguna duda a Pablo Casado de que sus desafortunadas palabras sobre los niños, como propiedad privada de los padres, movilizan a sus adversarios políticos. Entre otras cosas, porque les brindan la oportunidad de convertir el derecho de los padres a opinar en una maniobra obstruccionista de los planes educativos del Estado. Así que sería una forma de censura. No del Estado, sino desde las familias.

Sostienen el PP y Vox que su posición pretende frenar actividades escolares atentatorias contra la libertad ideológica. Sin embargo, se están arrogando por otro lado el derecho a expropiar la mente de los menores, so pretexto de que los padres saben mejor lo que conviene a sus hijos.

Lo cual nos remite de nuevo a Unamuno, cuando nos enseña que amor y pedagogía son incompatibles: "Nadie puede ser maestro de sus hijos, nadie puede ser padre de sus discípulos".