TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Se veía venir

28/06/2020

Hay muchas señales, a veces prácticamente imperceptibles, que te van diciendo que un equipo se va a Segunda. Quizás aquella del pasado jueves, minuto 88 del Betis-Espanyol, cuando una pelota que entra 999 de cada mil veces (Wu Lei rematando a distancia de cuchillo de Joel) se estrella en la mano del guardameta caído. La cara del atacante chino era la de quien ha visto cómo las llaves se le han colado por la rejilla del alcantarillado. Cuando te sucede eso, lo de error ante un gol cantado, no lo de las llaves, es que el destino no te va a permitir levantarte. Estás tocado y hundido. Tu afición, harta de tanta promesa sin cumplir, de tanta gestión a distancia, de tanto dueño multimillonario (Chen Yansheng, chino que amasó su fortuna con un negocio familiar de coches teledirigidos y drones) sin implicación ni ganas de tenerla, de repente monta en cólera. Uno, tres o diez salvajes amenazan de gravedad a los jugadores con pintadas en Cornellá y en Sant Adriá: «Jugar con nuestra pasión acarrea consecuencias. Barcelona es muy pequeña», «No sois jugadores, sois hijos de p...», etcétera.

Otra señal es la desesperación, traducida en una rotación infame en el banquillo. Comenzó el año David Gallego, quien en su presentación admitió que la falta de experiencia podría lastrarle en tres competiciones (no perdamos de vista que el Espanyol fue séptimo con billete europeo en la 18/19, que perdió 'apenas' a Iglesias y Hermoso, y que gastó 60 millones en reforzarse) y ni siquiera llegó a los cien días en el cargo. Le sustituyó Pablo Machín, a quien apenas le dejaron 77. Y Abelardo, con 14 puntos en 13 partidos, ha sido el último en caer. Cuatro entrenadores en una temporada, una de esas señales del desastre, sobre todo si el cuarto es el propio director deportivo del club, el encargado de fichar a los tres anteriores.

En el 97 bajó el Sevilla de Monchi, Prieto, Prosinecki, Tsartas, Salva, José Mari… En 2000 el Atlético de Hasselbaink, Kiko, Solari, Baraja, Valerón, Molina, Capdevila… En 2008 el Zaragoza de César, Ayala, Juanfran, Luccin, Milito, Sergio García… En 2012 el Villarreal de Senna, Soriano, Cani, Valero, Marco Ruben… En todos los casos hubo dos denominador común: el caos en los despacho y la nula reacción porque nadie se podía esperar un fiasco así. En el caso del Espanyol, con una sola jornada fuera del descenso, se veía venir a kilómetros.