TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Pasota

13/07/2020

Con esto del caos de fechas y el ingobernable aluvión de partidos, se nos quedó en el tintero el análisis más jugoso de todos los que nos ha regalado Gareth Bale desde que abandonó su profesión de futbolista para convertirse en un 'meme' andante. Pensábamos que posar con la bandera donde ponía «Gales. Golf. Madrid. En este orden» era insuperable, pero la estampa del futbolista repantigado en la grada, con las piernas en el asiento de delante y la mascarilla cubriéndole toda la cara, también los ojos (a modo de 'antifaz de noche') es la viva imagen del tipo al que ya se la trae muy al pairo lo que digan o lo que piensen. Primero, porque asume que la batalla social está perdida: jamás recuperará la imagen de jugador inmenso que aún mantiene en su país y, por el contrario, cada vez es mayor la del pasota que apura los días que le quedan en el Bernabéu (¡Está firmado hasta 2022!) cobrando su jugoso sueldo de unos 15 millones de euros anuales, jugando minutos residuales o partidos coperos por no incurrir en incumplimiento de contrato, básicamente. A partir de este punto, ya ni disimula. Ni entra en los planes de su entrenador ni en la dinámica del vestuario ni en la mente del aficionado. No marca un gol en Liga desde el 1 de septiembre, ha participado en apenas 13 partidos (ni 850 minutos) en algo más de 10 meses desde aquel doblete en Villarreal, no ha jugado en seis de las últimas siete jornadas…

Dicho lo cual, Zidane lo pondrá a jugar unos minutos en Manchester y hará el gol de la remontada, quizás el de meterse en semifinales y seguro que marcará en la final de la 14ª Copa de Europa. Es una visión que cotiza 1 a 999 en las casas de apuestas desde la foto del pasota durmiente, pero nunca descarten que la 'flor' de ambos (Zidane y Bale) en las grandes citas siga en pie. Incluso cuando el segundo vive dormido.