UNA COL

Aurelio Martín

Periodista


Calles vacías

20/03/2020

Las últimas horas de la pandemia del Covid-19, que tiene a España –y en cierta medida al mundo– en vilo, han estado protagonizadas por el silencio de la mayoría de los ciudadanos, en parte por preocupación pero también por responsabilidad, donde en las puertas de los establecimientos de alimentación se guardan distancias y se espera con paciencia, o se va a comprar lo necesario pero sin afán egoísta ni salir del supermercado con productos que quizá no se vayan ni a consumir; y dejando las calles vacías, como parte de un paisaje urbano solitario, cinematográfico.    
Como una de las fórmulas de los psicólogos es que se recurra a los momentos de humor para desahogar los momentos de crisis, se ha viralizado el comentario de una supuesta cajera de un hipermercado en la que se le escucha decir que no se verán afectados por el coronavirus pero posiblemente sí por el colesterol, teniendo en cuenta las compras que se están realizando.
De estas situaciones difíciles se aprende, con la diferencia del transcurrir del tiempo, antes mandaban a los abuelos a la guerra y ahora nos mandan a casa– otra de las frases que forman parte de la lista de los populares de estos días–, y desde luego también se aprecia el comportamiento de muchas personas que no están a la altura de las circunstancias, muchas de ellas adolescentes, independientemente de que haya en juego vidas humanas de los afectados más sensibles, que han optado por reírse de la situación, mantenerse al margen como si no fuera con ellos y hacerse a la idea de que les habían adelantado las vacaciones de Semana Santa.  Grave error, nos ha fallado esa parte de la generación posmilénica que tiene todo, con 'smartphone' desde los 13 años,  que deberían hacérselo mirar. Habrá un punto de inflexión.  
Como en lo anterior no se puede generalizar, pero también ha chirriado la insolidaridad de miles de habitantes de Madrid, la ciudad más afectada por el contagio, que también han querido convertir la situación en un descanso en el mar o la montaña, olvidando que, quizá, estén llevando el virus allá donde no había llegado y que van a hacer un gran daño en muchos lugares de la España rural, donde solo quedan los mayores, con consultorios cerrados o reconvertidos, porque a los jóvenes ya se los llevaron a trabajar fuera. En todo esto le va la vida a mucha gente,  también el trabajo, posiblemente, con un gran esfuerzo del colectivo sanitario al que aún no le ha dado tiempo de salir de los recortes que padeció y que ahora mismo echa en falta equipos de protección individual.  
Habrá tiempo para poder analizar la actitud de algunos políticos, cuando el comportamiento de las administraciones está discurriendo entre la lealtad institucional, o la oportunidad de algunas medidas de prevención, en todo caso siempre respaldadas por los técnicos, también de las económicas, ahora estamos en el momento de comportarnos con responsabilidad y sentido común, para que podamos salir cuanto antes de esta España del silencio, reforzados, por supuesto, porque nos habremos conocido mejor a nosotros mismos y a quien tenemos enfrente.