TRIBUNA LIBRE

Fernando Jáuregui

Escritor y periodista. Analista político


No, la culpa no es de Adriana Lastra (solamente)

09/04/2020

Curioso método ese de ofrecer un pacto a la oposición, pacto a mi modo de ver bueno y necesario, y sacudir de lo lindo a esa misma oposición en el mismo acto parlamentario en el que lanzaste tu oferta. Bueno, pues eso es lo que hicieron este jueves, en teoría día del amor fraterno, Pedro Sánchez y su portavoz parlamentaria, Adriana Lastra. Comprendo que Pablo Casado se sintiese ofendido: no hablan con él en privado, pero, eso sí, hablan de él en público, en el pleno del Congreso, y muy mal. Puede que, en el fondo, se trate de que Sánchez no quiere sacar adelante la nueva edición de los pactos de La Moncloa, o como se llamen. O puede que sí, y no sabe hacerlo.

En todo caso, como en la sesión del pleno parlamentario en el que se aprobó la prórroga del confinamiento de todos nosotros (y otra que seguirá, según anunció, de golpe, Sánchez), quedó de manifiesto, va a resultar muy difícil lograr un acuerdo entre los dos principales partidos nacionales en torno a ese pacto económico y político que tan bien funcionó en 1977. Y el caso es que Sánchez, que siempre quiso emular a Adolfo Suárez, fue quien propuso este jueves el acuerdo y quien citó para la semana próxima a todos los grupos parlamentarios, a ver si aceptan su oferta, que aún no sabemos, ni los otros grupos tampoco, en qué consiste concretamente. Veremos si, en estos días santos, Sánchez hará las llamadas que le reprochan que no hace y se enderezan estos nuevos pactos de La Moncloa que con tan mal pie han comenzado.

Ocurre que Sánchez no es tan simpático como Suárez. Le falta su talante. Tampoco los demás líderes políticos son los de aquella primera Transición, ciertamente. No caeré en la simplificación de afirmar que los malos modos y la simpleza lineal de Lastra, que no debería ocupar la portavocía del grupo socialista porque le viene muy ancha, serían las culpables del fracaso. La sesión parlamentaria de este jueves estuvo precedida por unas declaraciones de Casado en las que ya parecía claro que no pensaba aceptar la oferta que todos sabíamos que Sánchez le iba a hacer. Lástima que el señor Casado, que es figura con posibilidades políticas indudables, se deje llevar más por cuestiones partidistas y personales -comprendo que tragar la arrogancia de Sánchez es duro, pero va en el sueldo- que por el afán del bien del país.

Porque puede que los del PP acierten cuando dicen que Sánchez dice que quiere pactar y, en realidad, no quiere hacerlo, pero bien podrían ponerle en el aprieto de tener que aceptar unos nuevos acuerdos de La Moncloa (insisto: o como se llamen) que, en el fondo, estarían liderados por la oposición. Más complicado parecía que Pablo Iglesias estuviese en el Ejecutivo de un Sánchez que no dormiría por su culpa, y ahí está, tan ricamente. Tenga cuidado el señor Casado no se le adelanten en la voluntad pactista los de Ciudadanos, antaño culpables de que hoy tengamos el Gobierno que tenemos; la de vueltas que da la vida...

En fin, que no quisiera quedarme compuesto y sin pacto. Que aquellos de La Moncloa no gusten ni a Esquerra ni a la CUP, ni a Bildu, por ejemplo, me convence de la bondad de aquello que se hizo en 1977. Eran circunstancias, actores y coyunturas diferentes, de acuerdo; pero convengamos que entonces era mucho más difícil lograrlo que ahora, cuando todo un país pide que se dejen de zarandajas y nos saquen de esta de una vez. Claro que entonces no estaba Lastra de portavoz, eso también es verdad.