El CIS confirma la inutilidad del adelanto electoral al que nos abocan

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Cada día tenemos muchos ejemplos de cómo la tozuda realidad se impone siempre a los empeños de los políticos, pero ayer la situación llegó a extremos no vistos en años. Así, mientras se ahondan tanto el desencuentro entre PSOE y Unidas Podemos para formar gobierno como la negativa de Partido Popular y Ciudadanos a abstenerse en la investidura, lo que nos va abocando cada vez con más fuerza a unas nuevas elecciones, el CIS destaca que de llegar a ese punto, solo el 16% de los votantes cambiaría el sentido de su papeleta. Una vez más, los representantes públicos demuestran estar alejados de los intereses y deseos de sus administrados, lo que siempre provoca tensiones e impide que este país tenga la estabilidad que hace mucho tiempo que viene necesitando.
Unas nuevas elecciones, además de supone un gasto totalmente innecesario, solo demostrarían la incapacidad de una clase política que se muestra incapaz de cumplir el mandato que le dieron los votantes. No hay ningún elemento que ni tan siquiera insinúe que el resultado de otra cita con las urnas vaya a romper el equilibrio de fuerzas ahora existente. Porque si bien las encuestas parecen señalar un ligero aumento en las expectativas de voto para PSOE y PP, continuando en la línea que se apuntó en las municipales y autonómicas, esto iría en detrimento del partido de Pablo Iglesias, por un lado, y de los de Albert Rivera y Santiago Abascal por otro.
La buena política tiene mucho de consenso, pero también de seducción. De encontrar los puntos que unen a cada partido y de saber ceder en los planteamientos para evitar que las negociaciones se estanquen. Basta con analizar lo ocurrido en España en los últimos tres años para comprobar lo lejos que estamos de ese ideal. Parece que aquí lo que se lleva es el regate corto, el no tener más hoja de ruta de la que conviene a los diferentes partidos. Y eso se acaba pagando. No en forma de votos, que sería el mal menor, sino de estancamiento económico y social. Necesitamos un Gobierno sólido, que afronte las reformas pendientes y que no viva una situación de interinidad mientras los nubarrones de una nueva desaceleración van asomándose. Pero sobre todo, resulta imprescindible que la conformación de un Ejecutivo salga de una vez del primer plano, donde lleva ya demasiado tiempo instalada, primero con el PP y ahora con el PSOE.
Todos los partidos tienen parte de culpa de la situación que sufrimos; unos por acción y otros por omisión, pero aquel al que los electores identifiquen como el culpable del adelante electoral lo pagara caro en las urnas. Eso también lo saben los políticos y por eso vamos a asistir a una época de postureo y de mensajes grandilocuentes. Habrá que prepararse.