TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Messi como problema

24/11/2020

Un gigante no cae de forma grácil ni indolora: cuando el gigante cae, el estruendo es tremendo y la caída es torpe, desgarradora. No está acostumbrado a caer desde tan alto. Todo tiembla. 
El Barça está en uno de esos momentos de «despiértame cuando vaya a empezar la 21-22, que yo me voy a dormir». 1.000 problemas, 1.000 lesiones, 1.000 preocupaciones a las que no puede ni sabe hacer frente porque son demasiado profundas y estructurales. La más extraña de todas, se apellida Messi.  
Hace tres meses mal contados, dediqué a Bartomeu la frase que se le colgaba al gafe del pueblo: «Incluso cuando acierta, se equivoca». Y tal vez aquel último acto de cordura y barcelonismo, impedir que Messi se fuese, no está teniendo el efecto deseado. Tal vez era el momento de liberar económicamente la primera plantilla para asegurar una supervivencia colectiva. Tal vez, para lo que le quedaba en el convento, la Junta debería haber jugado el papel del ‘malo’ y quedar como «los que dejaron salir a Messi» para figurar, en una notita pequeña y a pie de página, como «los que salvaron momentáneamente al Barça». Tal vez dejarle salir era el acierto y obligarle a quedarse, el error. 
Hoy, Messi ha trasladado el ‘espíritu del burofax’ al césped. Camina como siempre, falla como nunca. Si en agosto perdió la fe en el proyecto, todavía no lo ha recuperado. Y el problema que tiene Koeman en particular, el Barça en general, es que la estructura ofensiva del equipo depende de lo que haga Leo: todo pasa por sus botas, como el director de control de calidad de cada ataque. Eso solo vale si está en forma, motivado, con chispa, fresco, alegre… Y no hay que ser ningún experto en lenguaje corporal para ver que, hoy, ninguna de las cinco. ¿Mañana?