TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Penalti

26/10/2020

La tristemente famosa jugada de marras, el puñetero agarrón que nos tiene hartitos porque cacarean mucho y cacarean muy alto, tiene un resumen muy sencillo: puede pitarse penalti. Y hasta aquí. Punto. No hay «bastante penalti» o «poco penalti». Hay o no hay. Y la jugada entre Lenglet y Ramos puede pitarse porque hay agarrón. De igual forma, podría no pitarse porque Ramos bracea y empuja a Lenglet, porque el capitán blanco se tira hacia el lado opuesto del agarrón y porque ya no llegaba al balón bajo ninguna circunstancia -y no porque le sujetasen la camiseta-. Tienen razón los que dicen que es penalti… y tienen razón los que dicen que no lo es. Esto no es una moneda al aire, cara o cruz, sino una jugada abierta a la interpretación y el colegiado habría acertado en cualquier supuesto.

Es más difícil de entender, no obstante, la casi absoluta falta de autocrítica del Barça, agarrado (nunca mejor dicho) a una jugada puntual en la que el árbitro podía elegir perfectamente entre dos opciones y escogió la que perjudicaba sus intereses. Un adversario sencillamente ordenado le hizo tres y pudo hacerle algunos más. El soplo de aire fresco que había llegado con Koeman era, en efecto, un soplo: el globo se pinchó. ¿Y ahora? Muchos partidos por delante y ninguna esperanza. Futbolistas fuera de nivel, de forma, de hambre y sin ganas de ganar. Una planificación mediocre. Un estilo irreconocible. Los primeros trazos gruesos de un boceto de un proyecto de un equipo competitivo. Lío tras lío entre la planta noble y el vestuario, rebajas salariales, burofaxes, entrevistas por la espalda, empresas supuestamente contratadas por directivos para calumniar a algunos jugadores. Y si después de esta enumeración, en la que no sobra nada y todavía faltan cosas, seguimos pensando todavía que el culpable es Martínez Munuera...