COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Llamadas y portazos

13/12/2019

En el palacio de Sant Jaume deben estar pensando que hacer con la iniciativa del presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, acerca de la llamada telefónica que recibirá Quim Torra, dentro de una ronda de conversaciones con todos los presidentes autonómicos para explicarles sus planes de futuro y compartir con ellos “el deseo de que podamos contar con un Gobierno”. En paralelo, Sánchez mantendrá reuniones personales con los líderes del PP y Ciudadanos y la portavoz parlamentaria del PSOE, Adriana Lastra, se reunirá con sus homólogos de todos los partidos con representación en el Congreso.

Las interpretaciones sobre la intencionalidad de Pedro Sánchez se dividen entre las de aquellos que consideran que de esta manera comienza a asumir las exigencias de ERC, y se pliega a una conversación con Quim Torra, a quien no cogió el teléfono durante los sucesos de Barcelona que siguieron a la publicación de la sentencia del ‘procés’ por no condenar los incidentes violentos, y aquellos que consideran que en efecto, es un intento de involucrar a todas las instituciones en la consecución de la investidura.

A la Generalitat le sabe a poco una llamada telefónica cuando lo que Torra pretende es ser interlocutor en una mesa de negociación de gobierno a gobierno en igualdad de condiciones –bilateralidad y reconocimiento de Cataluña como sujeto político- para debatir sobre la autodeterminación y el fin de la represión. Sea o no un ‘blanqueo’ de la negociación, lo que se verá en el futuro, lo cierto es que Pedro Sánchez trata al presidente de la Generalitat con el mismo rasero que al resto de presidentes autonómicos, al que demuestra idéntico ‘respeto institucional’ que al conjunto de sus homólogos. 

Así, de ser cierto -lo ha desmentido la vicepresidenta en funciones, Carmen Calvo-, que la llamada a Torra era una exigencia de ERC, a los independentistas no les ha podido salir peor la jugada por cuanto Quim Torra sería partícipe de un café para todos en el que se hablará no de lo que a él le gustaría abordar  en exclusiva, sino de lo que afecta al conjunto de los españoles de los que forma parte y al que le afecta la gobernabilidad de España.

La ronda de encuentros que Pedro Sánchez mantendrá con Pablo Casado e Inés arrimadas pone fin a también a la anomalía rayana en la mala educación del líder socialista que no cogió el teléfono al presidente del PP, cuando llamó para felicitarle por su éxito electoral, mientras que se reunirá con la presidenta in pectore de Ciudadanos que se lo ha pedido, poniendo fin al bloqueo que instauró el dimitido Albert Rivera. Poco hay que esperar de esa reuniones cuando las posiciones de ambos líderes políticos son tan nítidas, el ‘no es no de Casado, y el gran acuerdo de Arrimadas, cuyos votos lo único para lo que servirían realmente es para dar vía libre a la investidura de Sánchez sin tener que depender de los independentistas.

Entre tanto, portazo sonoro del líder de Vox, Santiago Abascal, a una reunión con Adriana Lastra en una muestra de que a menudo tiene los mismos tics antisistema de los partidos a los que dice no querer blanquear. Una invitación, sin embargo, que suponía que el PSOE ha destejido el ‘cordón sanitario’ que había decidido imponer al partido ultraderechista, una vez que no pudo impedir su presencia en la Mesa del Congreso.