CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


No impecable

17/01/2020

Dolores Delgado cumple los requisitos que exige la ley para ser nombrada fiscal general del Estado, española, mayor de edad y 15 años de carrera. Sin embargo el propio presidente del Consejo General del Poder Judicial evitó calificarla de idónea en el texto enviado a los miembros del Consejo para debatir sobre su nombramiento. Lesmes, como tantos otros jueces y fiscales, demostraba así su escaso entusiasmo por una candidata que el presidente de Gobierno considera “impecable”. No lo es, por mucho que Pedro Sánchez se empeñe en ello.

Pablo Iglesias pide ahora “una oportunidad” para Delgado, aunque no hace mucho exigía que saliera del Gobierno por moverse en lo que Pablo Iglesias llamaba “las cloacas” del excomisario Villarejo. Cómo cambian los dirigentes de Podemos cuando tienen coche oficial… Delgado mintió cuando dijo que no conocía a Villarejo, después que sí pero superficialmente, hasta que salió la verdad cuando se publicaron unas conversaciones privadas indecentes. Indecentes porque se publicaron cuando convino a Villarejo, e indecentes por el contenido, que demostraba cómo se movían Garzón, Delgado y Villarejo en un submundo en el que no deben moverse policías, un juez y una fiscal.

Delgado ha sido reprobada en tres ocasiones en el Congreso de los Diputados, y además es inaudito que ocupe la Fiscalía General una persona que llega directamente del ministerio de Justicia y que sucede a una Fiscal que se negó a calificar como sedición lo que ella consideraba delito de rebelión de los independentistas catalanes. También, como ministra, se negó en un principio a pagar un abogado al juez LLarena cuando le puso una demanda Puigdemont, lo que era obligado, y ha dado tantos argumentos para ser considerada no impecable, que solo se comprende su nombramiento asumiendo que Sánchez necesita en la Fiscalía General una persona con el perfil de Dolores Delgado: una fiscal que antepone su lealtad política a lo que se espera de una servidora del Estado.

Sánchez prioriza sus ambiciones personales al sentido de responsabilidad que se supone a un jefe de Gobierno. Para cumplir esas ambiciones está dispuesto a impulsar iniciativas en las que está demostrando hace ya tiempo su escaso respeto a la independencia de la Justicia. El mayor ejemplo de esa falta de respeto es promover el nombramiento de Delgado como Fiscal General, nombramiento que ha provocado una profunda indignación en el mundo de la Justicia.

Por encima de los requisitos para acceder a un cargo están las cuestiones morales, a las que Sánchez no da importancia aunque debería hacerlo. El mismo ha engañado tantas veces que su prestigio ha quedado seriamente dañado. Pero hay que asumir que es un presidente legalmente elegido.

Buscaba fiscal general a su medida, aunque no se sabe –aunque se sospecha- qué pretende exactamente el presidente. Pero tiene tantos frentes abiertos que no hay fiscal general, por mucho que maniobre, capaz de presentarle éxitos en bandeja. Entre otras razones porque los jueces y fiscales rigurosos son más. Muchos más.