CRÓNICA PERSONAL

Antonio Casado

Periodista especializado en información política y parlamentaria


El modoso inútil

19/01/2021

La suspensión y aplazamiento, al menos hasta el final de mayo, de las elecciones catalanas es la demostración empírica mas contundente de la ineptitud absoluta y flagrante del ministro Illa, ese modoso inútil presentado y, ojo, comprado por muchos, como paradigma de la gestión de la pandemia.

Colocado por el Gobierno como candidato estrella y proclamada su ascensión a los altares como símbolo de la "lucha" y gestión contra el letal virus resulta que la realidad obliga a cancelar toda la operación dado que el virus, otras vez tras más, y tras haber clamoreado Moncloa su victoria, está mas desbocado y fuera de control que nunca.

No pasa nada. El ministro responsable deja presuntamente sus tareas electorales, que no deja en absoluto, pero es a lo que está de veras, lo de sanidad es atrezzo y propaganda, y vuelve al púlpito ministerial, con su alegre monaguillo Simón, a darnos homilías con sus letanías susurradas y muy buenos modales sobre los bien que lo están haciendo, su bondad infinita y los torpes y malos que son todos los que no dicen amén al concluir su explica.

La constatación del estremecedor fracaso, la inoperancia mas total y la ineptitud más absoluta es tan patente como lo será su intrascendencia a efectos de rechazo por parte de una sociedad cloroformizada por la propaganda masiva y la abdución mediatica.

Así vuelve a ser ahora como ha sido desde el primer momento. Illa y Simón seguirán comportándose no como responsables reales y concernidos por la catástrofe sino como pronosticadores, al estilo de aquellos hombres del tiempo que nos hemos acostumbrado a que no den una y comentaristas a toro pasado de las desgracias que en nada les atañen a ellos y de las que descargan culpas y muertos en sus rivales políticos. Y todo ello será comprado como la mejor mercancía por la parroquia adicta y adoctrinada en la confrontación y el odio político como única vara de medir conductas. Componen una inigualable collera, cada uno en su papel, de embaucadores. Nos llevan diez meses vendiendo el peine y hay millones que se lo siguen comprando.

Desde el comienzo los hechos y las hemerotecas demuestran desde el primer minuto la frivolidad, la negación de la evidencia, la suicida anestesia tranquilizadora, la nula previsión, la ineptitud e ineficacia en prevenir y proveer luego de medios y remedios, la estupidez triunfante de dar al mal por vencido y la utilización de la tragedia como ariete y medro político. Y todo ello no sólo adoptado como pauta y doctrina sino reiterado en cada uno de los repetidos tramos, sus "oleadas".

Pero ellos son inmunes, tienen anticuerpos contra la verdad, ningún fracaso ni mentira les afecta. La memoria ha sido sepultada bajo el manto de nieve inmenso e inmaculado que los medios cómplices o domados, casi todos y los masivos, hacen caer cada día sobre los cerebros.

Hay que olvidarlo todo y no querer recordar nada ni de lo hace casi un año ni lo de anteayer tampo. El van a ser todo lo mas un par de casos, es casi menos que una gripe, no tengáis miedo y manifestaos en alegre tropel, las mascarillas son un estorbo, los test no son necesarios, bailad y cantad en los balcones en honor de los sanitarios sin protección ni medios, el gran caudillo ha derrotado al mal, salimos mas fuertes, unidos y victoriosos, vacacionemos y yo el primero, la recuperación ha comenzado, ¡huy que ha vuelto!, dadnos otros seis meses, esto de un golpe, de Alarma, para hacer mi antojo y no rendir cuenta, culpa es de las autonomías, las del PP, claro, hemos "conseguido" la vacuna, traemos la luz después de la tiniebla e Illa se va a recoger los frutos, mañana o dentro de tres meses, con 83.000 muertos ya, esa la pavorosa y real cifra, o 100,000 que será la de entonces, de sus aciertos y desvelos por todos nosotros y presidir Cataluña, que es la nación suya porque como tal la considera y no parte de la de todos y va ahora a aplacar a los separatistas con la infalible fórmula de hacerse uno de ellos y entregarse a sus exigencias.