DE SIETE EN SIETE

Rafael Monje

Periodista


El tablero político no para

19/07/2020

Las elecciones en Galicia y el País Vasco han deparado dos resultados bien diferentes ya conocidos por todos, pero ambos aportan claves para el futuro mapa político de Castilla y León. Alguien dirá que es pronto para abordar ese escenario, cuando restan casi tres años para que finalice la actual legislatura, y que hablar ahora de ello resulte un asunto insustancial y extemporáneo. Pero, nada más lejos de la realidad en la que se mueven las formaciones políticas y sus principales actores y que, como es sabido, no suele coincidir mucho con la que le pueda preocupar a usted y a mí.
Cualquier cita electoral, como la del pasado domingo en los dos territorios vecinos, es analizada minuciosamente por los aparatos de los partidos, fieles al Big Data mucho antes que las propias empresas tecnológicas. Y para eso es vital incluir en la coctelera todo número y estadística con los que interpretar los comportamientos sociológicos y las tendencias de un electorado cada vez más impredecible. Esa labor carece de fecha de caducidad y, por tanto, es ajena a los tiempos y periodos lógicos que marcan las legislaturas. Pero si, además, el gobierno autonómico se sustenta en dos partidos, como es el caso en Castilla y León, la tarea demoscópica adquiere mayor relevancia. Para empezar, ¿alguien puede asegurar al cien por cien que el Ejecutivo bipartito agotará la legislatura? No, ni el propio presidente, por mucho que PP y Cs digan lo contrario cada hora. Esta certeza es la que impele a las sedes de los partidos a permanecer en constante alerta, con la maquinaria perfectamente engrasada para salir a la arena electoral en las mejores condiciones posibles.
A la vista de los resultados de Galicia y el País Vasco, al presidente Alfonso Fernández Mañueco no le ha ido nada mal. De un lado, la renovada mayoría absoluta del gallego Feijóo corrobora su línea más centrista dentro de un PP con dos almas ideológicas, la más extrema que encarnan la portavoz del Congreso, Cayetana Álvarez de Toledo, y el propio secretario general, García Egea, y la más escorada al centro que, sin duda, representan los barones territoriales de Galicia, Andalucía y Castilla y León. Y lo sucedido en el País Vasco supone un claro varapalo a la primera de ellas, a pesar de ir en comandita con Ciudadanos. 
Siguiendo en clave regional, al PP de Castilla y León también le viene como anillo al dedo la evidente desaceleración del partido naranja en la Comunidad, donde más que dos almas hay cuchillos afilados. Con un vicepresidente en la Junta entregado al cuerpo a cuerpo y a los titulares, a Mañueco le queda expedito el camino más institucional y de representatividad que le empieza a dar frutos dentro y fuera de la región. De continuar así, ¡qué mejor opción que agotar la legislatura!, a sabiendas además de que su ‘número 2’ en el Ejecutivo encuentra más abrigo en el PP que en propio Cs.
Solo la proliferación de partidos de corte local, al estilo de Pro Ávila, podría enturbiar la ecuación que ya manejan los ‘populares’ para el futuro electoral, en el que gobernar requerirá también de acuerdos y pactos. No son pocas, de hecho, las voces que se escuchan de la posible germinación de partidos locales que incluso aspiren a una pequeña representación en el parlamento autonómico, la suficiente como para inclinar la balanza de gobierno a un lado o a otro. Todo dependerá también del resultado que pueda cosechar Vox, otra formación que podría tener la llave del Colegio de la Asunción para que repita Fernández Mañueco como presidente. ¿Y los socialistas? Bueno, eso da para otro comentario para el que, se presupone, habrá tiempo suficiente.