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Editorial

Un circo sin bromas y una contradicción de manual

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Se parecería mucho a un circo si no resultara sonrojante y tremendamente preocupante. Podríamos llamarlo 'el circo de los eufemismos'. Uno en el que exista la pista recentralizadora, la pista armonizadora y la pista paradisíaca, por ejemplo. Porque parece que en el Gobierno bipartito y bipartido hay notables disonancias en lo que a la política fiscal se refiere, sobre todo cuando el Partido Popular busca en las autonomías la capacidad de acción que se le alcanza en el Parlamento. Y parece que lo de menos es que las familias españolas se asomen a un abismo en el que el coste de las hipotecas crece exponencialmente, llenar el depósito es un lujo filipino, la cesta de la compra un agujero negro y poner la lavadora, un dispendio.

Ayer fue la región de Murcia la que se sumó al camino emprendido -y estirado con ahínco- por Madrid, seguido -y también estirado- por Castilla y León y coronado por Andalucía. Todos han actuado, en el legítimo marco de sus competencias constitucionales, a través de la eliminación-bonificación de impuestos que gravan el dinero y de rebajas en el IRPF, que eso sí llega a los hogares y no se queda en los palacios, a la sazón el argumento con el que el Ejecutivo de Sánchez alimenta una dialéctica de buenos y malos cimentada sobre barricadas de clase. Mal que le pese al Gobierno, la calle no pide colgar a los ricos, lo que pide es llegar a fin de mes o no caer en la pobreza mientras se mata a trabajar. Y lo que exige son políticas diáfanas que no persigan alimentar la caja pública sacando de los hogares lo poco que va quedando.

Pero, más allá de la decisión de Sánchez de ver gigantes donde hay molinos, así sean eólicos; más allá de las episódicas contradicciones en el seno del Consejo de Ministros, más incluso de los indisimulados recelos de la Unión Europea acerca del rumbo de una España regada de dinero comunitario para sembrar desarrollo económico y esquivar la tentación del subsidio a conveniencia electoral, lo que emana de Moncloa, Ferraz y las sedes de sus socios dentro y fuera del Gobierno es una contradicción de manual.

Anteayer, el ministro José Luis Escrivá veía estupendo recentralizar impuestos. Ayer ya no decía lo mismo, pero la ministra Montero, titular de Hacienda, amagó con un impuesto a las grandes fortunas -las que Moreno Bonilla pretende pescar en la Cataluña revuelta- y habló de «armonizar» el sistema fiscal autonómico. Todo, en boca de dos notables representantes de las políticas de un Gobierno apoyado en una retahíla de partidos independentistas, secesionistas -cuando no provincianos- e insolidarios que deben su existencia a la prédica de una España asimétrica en su propio beneficio. Un circo, pero para llorar.