DE SIETE EN SIETE

Rafael Monje

Periodista


Lucha fratricida por el poder

La agenda política nos ha dejado esta semana en la Comunidad uno de esos episodios poco gratificantes por los que Castilla y León suele ser titular en telediarios nacionales. En este caso el motivo ha sido el rifirrafe ante las cámaras y micrófonos protagonizado por la candidata a presidir Ciudadanos Inés Arrimadas y el vicepresidente de la Junta, cabeza visible de la facción crítica y, desde ayer, también candidato oficial a liderar el partido naranja. El duro cruce entre ambos políticos, más parecido a un espectáculo que a una confrontación de ideas, deja en peor situación aún más a una formación que tras las elecciones generales de noviembre no levanta cabeza. Incluso dudo de que los potenciales votantes de Cs se vean reflejados en ese circo mediático y, más bien al contrario, estarán cada vez más alejados de una opción política que corre serios riesgos de diluirse como azucarillo en agua, con independencia de que sea Arrimadas o Igea el futuro jefe de filas.

Pero dicho esto, no hay que creerse mucho lo que dicen una y otro, porque lo que está en juego no es el modelo de partido, donde ambos discrepan en cuanto a la configuración territorial y colegiado de los órganos de decisión, sino que lo que defienden con uñas y dientes es la ostentación del poder. Aquí lo que se dirime por encima de modelos orgánicos es quien va a tener la vara de mando unipersonal y no otra cosa. O al menos es lo que trasciende de las embestidas verbales que han protagonizado una y otro; una, con más elegancia y finura, y otro, con su peculiar estilo de tirar por la calle de en medio, caiga quien caiga.

Así las cosas, no es de extrañar que, salvo milagro, lo que un día fue el partido revelación, que sumaba votantes en cada cita electoral y se hacía un significativo hueco en el centro ideológico de este país, acabe siendo un mal sueño de color naranja.