CRÓNICA POLÍTICA

Fermín Bocos

Periodista y escritor. Analista político


Arrinconar al Partido Popular

17/09/2020

Desgarra escribirlo, pero aunque han pasado 80 años parece que todavía no hemos superado la Guerra Civil. Quizá porque algunos dirigentes viven de soplar sobre las brasas del pasado, en la política de nuestros días subyace la nostalgia de la aniquilación civil del contrario.

No hay debate parlamentario en el que frente a problemas reales-la pandemia que sigue sin control, el drama del paro que va camino de superar cifras históricas o el cierre de empresas por insolvencia que ya se cuentan por millares- no hay forma de reducir la agresividad y pactar soluciones alejadas del sectarismo de partido.

Ahora mismo cuando el Gobierno sigue funcionando con los Presupuestos diseñados por el ministro del PP Cristóbal Montoro ¡hace más de dos años! No hay manera de que Pedro Sánchez, a la vista de la situación de emergencia nacional en la que nos encontramos, tenga un gesto de grandeza y vuelva a llamar a Pablo Casado, líder del primer partido de la oposición, para intentar arreglar la situación. O por lo menos, para no empeorarla políticamente, como le está haciendo su vicepresidente Pablo Iglesias buscando el apoyo de partidos como ERC o Bildu, cuyos líderes no ocultan que en su relación con España juegan al cuanto peor, mejor.

Casado se niega a pactar la renovación del Consejo General del Poder Judicial y el Tribunal Constitucional -cuyos miembros están ya pasados de fecha-, porque recela de las intenciones de Sánchez decidido a situar en tan altas instancias a afines a Podemos por encima de la representación parlamentaria obtenida por el partido de Iglesias. A pesar de los inconvenientes, creo que antes de fin de año habrá acuerdo para la renovación.

La dirección del PP está sometida a la tensión ambiental nacida de las revelaciones judiciales sobre el caso Kitchen y tiene, también, otro foco de preocupación que procede de la presión que recibe de una parte -minoritaria- de sus votantes tradicionales, a los que complacería que el partido apoyara la moción de censura que prepara Vox aún sabiendo que está condenada al fracaso, y que se convertirá en un ejercicio pirotécnico que a la postre favorecerá a Pedro Sánchez que la dará la vuelta y convertirá la derrota de la moción de censura en un triunfo, en una moción de confianza de la Cámara.

En esta encrucijada política en la que tantas cosas están en juego, ahora que Inés Arrimadas quiere a toda costa subir a Ciudadanos al tren que conduce Sánchez para lograr apoyos a los Presupuestos, el PP corre el peligro de quedarse muy solo. Por su dureza, las intervenciones parlamentarias de Sánchez revelan que su estrategia tiende a resucitar el pacto del Tinell, aquella antidemocrática operación nacida en Cataluña que intentó trazar lo que llamaban un cordón sanitario alrededor de los populares.

Medios no le faltan y van a aprovechar la comisión parlamentaria creada para investigar el caso Kitchen para cerrar la tenaza contra la actual dirección del PP, a sabiendas de que en términos políticos los hechos investigados quedaron amortizados con la moción de censura que tumbó a Mariano Rajoy. El objetivo es arrinconar al PP.