TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Cambios

31/05/2020

Hoy elijo a dos entrenadores para ilustrar el extrañísimo regreso del fútbol del coronavirus, el de las normas extrañas y el silencio en los estadios. Primero, Manuel Mosquera, técnico del Extremadura: «La primera sensación es la de que parece que no pasa nada». Y eso, en esencia, es un drama: cualquier deporte es objetivamente más entretenido que el fútbol. Hay más goles, más canastas, más ida y vuelta, pasan muchas más cosas. Si coincidimos en que lo más bello del fútbol es la pasión, transmitida recíprocamente entre el juego y la grada, que «no pase nada» en una de las partes, le resta un enorme interés a la otra. La idea de que los partidos televisados tengan sonido ambiente es el disfraz del bebé con bigote: puede que le divierta a alguien, pero no engaña a nadie.

Segundo entrenador, Quique Setién: «Nos perjudicará lo de los cinco cambios: muchos partidos los resolvíamos al final». Pongamos el Barça -porque habla Setién- o cualquier otro equipo que madura los partidos, que necesita a un rival cansado para lograr su objetivo (y para cansarlo previamente necesita la pelota). Quienes ganan por aplastamiento, a cañonazos, ven dos nuevas oportunidades de éxito; quienes lo hacen por agotamiento del rival ven dos balas en la recámara del adversario.

No meteré un tercer entrenador, sino un nuevo equipo: el LASK de la Liga austriaca. Era primero a falta de 10 jornadas… pero ha perdido el liderato por una sanción de seis puntos y 75.000 euros de multa por haber violado en los entrenamientos el protocolo de seguridad para evitar contagios.

Este es el ambiente que viene. Los cambios que vienen. Los nuevos castigos que vienen. La nueva normalidad, una expresión idiota que ya hemos incorporado, es horrible.