DESDE EL ALA OESTE

Fernando Aller

Periodista


La crispación

05/06/2020

La presidenta del Congreso de los diputados, Maritxell Batet, creyó oportuno llamar a los representantes de los partidos para pedirles que no se insulten, que mantengan el respeto al que están obligados como representantes de los ciudadanos. La reprimenda de la «seño» no sirvió de nada. Días antes, el presidente de la Comisión para la Reconstrucción Nacional, Patxi López, llamó la atención de sus señorías por dedicar sus intervenciones a la agresión verbal y no al trabajo encomendado. «Si no entendemos para qué estamos aquí, no servimos para nada, para nada», concluyó el político vasco.
A tal grado ha llegado el deterioro de las formas entre nuestros parlamentarios, que el gran asunto que les preocupa hace mucho que dejó de ser la eficacia de las medidas que se pueden adoptar en los dos grandes retos que preocupan a los ciudadanos: culminar el cerco al virus de la pandemia, evitar muertes, y adoptar las medidas más eficaces para la recuperación económica, la vuelta al trabajo y a la vida.
 El gran debate nacional es quién comenzó la escalada de la crispación. En opinión del popular Egea es normal el comportamiento iracundo de los parlamentarios, porque «el parlamento es reflejo de la calle y en la calle hay crispación». Tal aseveración no deja de ser una falacia, porque parte de la falsedad de que la crispación ha surgido espontáneamente y no azuzada por los políticos, como es fácilmente comprobable. Ni siquiera en este aspecto cabe equiparar a todos por igual, porque si bien es cierto que muy pocos políticos con atributos de voceros pueden ser exculpados de la responsabilidad de convertir su actividad en una ciénaga, no a todos les cabe el mismo grado de participación. Como tampoco es razonable la asombrosa distinción que hace Pablo Casado. Para el presidente del PP, los miembros del Gobierno, al que acusa de promover deliberadamente la crispación, tienen mayor responsabilidad en su comportamiento. Afirma que un ministro está obligado a dar mejor ejemplo que un diputado. Sorprende que el líder popular tenga un concepto tan bajo de su responsabilidad actual. Explica, sin embargo, la frivolidad de tantos en los que confiamos nuestro voto.