UN MINUTO MIO

Jesús Quijano

Catedrático de Derecho Mercantil de la Universidad de Valladolid


La capital

Anda otra vez coleando ese asunto de la capital de la Comunidad Autónoma. Y no tanto porque no esté resuelto, que quiero pensar que lo está, sino simplemente porque lo que ahora se plantea es elevar de rango el reconocimiento. O sea que Valladolid está legalmente designada como sede de las dos instituciones autonómicas, la Junta y las Cortes, desde hace tiempo (desde 1987, si mal no recuerdo), pero tal designación no está incorporada al Estatuto de Autonomía, lo que le daría fijeza y respaldo. 
La cosa tiene su historia. Cuando se elaboró el Estatuto de Autonomía, en 1983, no hubo suficiente grado de acuerdo entre los grupos entonces relevantes (UCD y PSOE), y el asunto quedó sin resolver, a pesar de que el criterio constitucional requería que ciertos asuntos de la configuración autonómica, entre ellos la sede de las instituciones básicas, tuvieran rango estatutario. La cuestión se resolvió de entrada remitiendo a una decisión parlamentaria que había de adoptarse en la primera sesión de las Cortes, y con mayoría de dos tercios. No hubo manera, y bien que lo recuerdo, porque intervine en aquella sesión, celebrada en el Alcázar de Segovia, defendiendo la propuesta, que no salió adelante. Se cumplió el trámite, pero no se alcanzó la mayoría suficiente: el Grupo PSOE votó en bloque a favor, pero no así el Grupo de la entonces Alianza Popular. Así que las instituciones, la Junta en Valladolid y las Cortes en Fuensaldaña, se ubicaron casi de hecho, con normas provisionales, recurridas y confirmadas.
Pasó aquella primera legislatura, y fue en la segunda, gobernando la AP de Aznar, cuando se pudo aprobar la conocida como Ley de Sedes. Ahora ya AP y PSOE lo votaron,   si   bien   con   algunas   fugas   de   voto   en   el   grupo   gobernante.   Y   así   ha permanecido el tema,  sin que las  sucesivas  reformas  posteriores  del  Estatuto  de Autonomía cambiaran el rango de la decisión incorporándolo a su texto. Se seguía pensando que era un asunto sensible y se prefirió dejarlo como estaba.     
¿Sería éste momento oportuno para dar ese paso? Imprescindible no lo es; la cosa puede  seguir como estaba. Pero tampoco tengo duda de  que sería un  gesto  de afirmación de la Comunidad; también de racionalidad. Asumir la realidad, cuando es fundada, nunca está de más.