TRIGO LIMPIO

Luis Miguel de Dios

Escritor y periodista


Sin tregua

Tradicionalmente, el de hoy era un día tranquilo, reposado, de reencuentros con familiares y amigos a la espera de las cenas de Nochebuena y de la llegada de Papá Nöel y sus regalos. El árbol de Navidad, los platos especiales, los ojos desmesurados, las risas y la timidez o el miedo de los críos cuando aparecía por casa un señor vestido de rojo con un saco lleno de paquetes. Salvo incidentes graves, no se hablaba de nada demasiado serio. Ni siquiera del discurso del rey, que muchas veces ni seguíamos ni nos enterábamos de lo que había dicho. Era más importante ir poniendo la mesa, ir a la bodega por vino y echar leña a aquella lumbre antigua pero aun en buen uso (y continúa) que llamamos la “cocina económica” o la “bilbaína”. Pero este año, ¡oh, signo de los tiempos y mal augurio!, las cosas han cambiado. Tanto que, a pocas horas de la Nochebuena, no paramos de hacer especulaciones sobre los posibles acuerdos de investidura, las fechas probables, el futuro Ejecutivo, los apoyos, los rechazos y así hasta el infinito. Y, en lugar de villancicos y llamadas a la paz, la buena voluntad y la solidaridad, soltamos vocablos como traidores, felones y demás epítetos cariñosos. Y, con el Niño Jesús a punto de nacer, unos hablan de independencia, secesionismo, referéndum, derecho a decidir y otros de rechazo a todo lo anterior, de Constitución, de unidad, de medidas especiales. No, este 24 de diciembre de 2019 no es, ni mucho menos, como los anteriores. Y no es que todo haya estallado de repente, como un volcán, sino que nadie, y especialmente Torra, Puigdemont, Junqueras y compañía, han sabido o querido (más bien esto último) encauzarlo por la vía del diálogo, la negociación y el acuerdo. Y así hemos llegado a una situación en la que ni siquiera la Navidad es una época de tregua, de aparcar diferencias. Tengo ya unos cuantos años y jamás había conocido algo similar. El problema es que esto no tiene visos de mejorar, sino todo lo contrario. Felices fiestas y a ver si el 2020 desmiente los malos pronósticos que ya se le atribuyen. Nos jugamos mucho.