TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


La piña

26/11/2020

Era una noche para que no sucediese nada y sucedió de todo, como ésas noches de juventud en las que no planificabas nada, salías a verlas venir, y terminabas amaneciendo en la calle con una sonrisa de bobo feliz de oreja a oreja. Las mejores, en efecto, suceden cuando no esperas nada de ellas. Por eso el Barça festejó con una piña de mil sonrisas el gol de Griezmann en el 92, un 0-4 intrascendente en un partido intrascendente ante un rival aún más intrascendente.

Hace algún tiempo, el viejo entrenador decía que tener a futbolistas tan colosales como Messi provoca un doble efecto en el rival: por un lado lo achica y por otro lo agiganta. El primer lado es el táctico; el adversario asume que va a ser dominado, que necesita concentrarse fieramente en defender, y se tira quince o veinte metros más atrás de lo que habitúa, luego cada vez hay menos espacios y (se supone) menguan las posibilidades de hacerle gol. El segundo lado, sin embargo, es el psicológico. Desaparecen algunos complejos, buscas en tu interior una motivación extra para lucirte ante el 'dios', para anularlo primero y rematarlo después. Encuentras 'algo' que no encontrarías si no estuviese él sobre el campo. Messi encorajina al rival.

¿Estoy deslizando de matute que «el Barça es mejor sin Messi sobre el campo»? No. Ni mucho menos. Pero a veces le va mejor. El Dinamo de Kiev, con muchas más bajas que el martes, fue cien veces mejor equipo en el Camp Nou, y esta semana, ante un equipo 'menor' sin Messi, sin Piqué, sin De Jong, sin Ansu Fati, sin Dembelé… se dejó ir. Y de la dejadez llegó un 0-4 en el que Braithwaite cogió carrerilla para lo que le viene, Mingueza se estrenó como central y promete muchos minutos, recuperamos a Aleñá, a Puig, a Coutinho, descubrimos a Dest y marcó Griezmann, sonrió, bailó y el equipo hizo piña a su alrededor… ¡y no iba a pasar nada!