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Estrategas

Pilar Cernuda
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ERC ha anunciado que no votará a Miquel Iceta como senador autonómico elegido por el parlamento catalán, y aunque en política nunca se puede dar por definitivo un anuncio de intenciones hasta el momento mismo en el que hay que tomar una decisión, en este caso apoyar o tumbar la candidatura de Iceta, lo que parece evidente es que tenían razón los que afirmaban que Pedro Sánchez había cometido un error de bulto al anunciar que Iceta iba a ser el próximo presidente del Senado.

Lo dijeron los independentistas nada más hacerse el anuncio: si Sánchez quería a Iceta presidiendo el Senado, ellos pondrían un precio muy alto a su voto. Si Sánchez hubiera ocultado cuales eran sus proyectos sobre Iceta, con toda seguridad el líder del PSC habría sido senador con los votos de toda la cámara catalana, pues es norma no escrita que los parlamentarios votan unánimemente a los candidatos propuestos por los diferentes grupos.

Toca esperar a la votación de hoy, no es descartable que Esquerra, a la hora de la verdad, reconsidere su postura. Aunque sería a cambio de algo, evidentemente, de ahí que algunos dirigentes socialistas intenten vender que están muy satisfechos del veto a Iceta, pues así se demostraría que el PSOE, Pedro Sánchez, no compadrea con nadie. Que se consuelen como quieran, porque sin duda lo mejor para el PSOE y para Sánchez habría sido que Iceta fuera elegido senador sin necesidad de negociar nada previamente. Que es lo que habría ocurrido si Sánchez no hubiera cometido el disparate de enseñar sus cartas antes de empezar el juego.

No hay un solo dirigente político actual que tenga una mínima visión estratégica de la jugada. Ni uno. Sánchez cuente con un estratega en Moncloa, Iván Redondo, que le convirtió en presidente de gobierno cuando vio la oportunidad de conquistar La Moncloa presentando una moción de censura cuando Rajoy se encontró con una sentencia por presunta corrupción. El ex presidente tampoco supo cómo sortear el ataque, las maniobras que se le ocurrieron solo servían para aplazar unas semanas el relevo, no para detener el paso a Sánchez. Pero ni el presidente de gobierno, ni ninguno de los actuales dirigentes de la oposición tienen ni idea de cómo se lleva la acción política.

Creen que nombrando personas de confianza para su equipo y para las candidaturas está todo resuelto, y además se equivocan al elegir a ese equipo y a los candidatos. Pero de lo que están más faltos, es de aquello que sobraba en los tiempos pasados, cuando España estaba en manos de profesionales de la gestión y la estrategia, que sabían superar situaciones imposibles, poner trampas a sus adversarios, sacar punta a las debilidades del contrario mientras ocultaban las propias y, sobre todo, tenían idea de qué camino había que seguir para alcanzar sus objetivos. Por ejemplo, que las cámaras parlamentarias aprobaran los nombramientos, y las leyes, que consideraban indispensables para sus políticas.