CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


Un personaje infame

La infamia no es entrevistar a Otegi, sino el personaje en sí y lo que ha dicho en la televisión. Un medio de comunicación está obligado a contrastar opiniones y ofrecer la verdad de los personajes públicos, aunque se echa de menos que se tenga la mano tan ancha ante personajes infectos que se alinean con la izquierda, y los mismos que aceptan sin complejo a ese tipo de personajes se niegan tajantemente a contar con dirigentes de movimientos ultraderechistas que utilizan la violencia o que justifican y ejercen el terrorismo para alcanzar sus objetivos.

Otro de los males de la entrevista con Otegi es que se emite precisamente cuando el presidente en funciones intenta sumar votos para ser investido dentro de pocas semanas, y cuesta creer que sea casual cursarle ahora la invitación. De los votos de Bildu puede depender que gobierne o no gobierne Pedro Sánchez, y ese partido ha conseguido, de momento, dar un salto político de gigante colocando a un parlamentario en la Mesa navarra. Sin embargo, lo peor del paso de Otegui por TVE ha sido lo que ha dicho y cómo lo ha dicho.

Se contaba con que no pidiera perdón por el daño que ha hecho la banda a la que pertenecía -fue condenado por ello, que no vengan ahora con que no era miembro de ETA- pero indigna que se haya presentado como un hombre fundamental en el proceso de fin de ETA, un negociador de la paz. Todos los que han querido saber saben que todos los gobiernos negociaron con ETA, y Otegi fue interlocutor de alguno de ellos; pero al menos los enviados por Felipe González y por Aznar se levantaron de la mesa cuando ETA exigía lo que no se les podía dar. Lo que sí aceptó Felipe fue expatriar a los jefes bien lejos, estrechamente vigilados y lejos de los comandos que cometían los atentados. Los que de verdad acabaron con ETA no fueron los oteguis de turno aunque Zapatero llegó a llamar al dirigente Otegi “hombre de paz”, sino los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado. Localizaron y cercaron a los terroristas, y se incrustaron entre ellos hasta neutralizarlos para siempre.

Más ignominias de Otegi: colocar en el mismo plano a las víctimas de ETA que a los terroristas que cayeron en sus enfrentamientos con policía y guardia civil, y referirse a los “miles de torturados” etarras. No se podía esperar menos de un personaje abyecto como él, que celebraba en la cárcel los atentados, que participó en actos de violencia extrema y en secuestros y que dio órdenes sangrientas de obligado cumplimiento.

Para justificar la entrevista bastaba con explicar que el trabajo de un periodista es informar. Sobraba decir que Otegi pertenece a un partido legal. También eran legales las marcas con las que ETA se presentaba a las elecciones mientras seguía matando, y eso no “blanqueaba” a sus dirigentes.