TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Dudar de Messi

El genio tiene detractores según los colores que vista. Es inevitable y está ligado irremediablemente a la genética del ‘homo forofo’: es incapaz de disfrutar de algo objetivamente precioso si lo ha firmado el enemigo. ‘Celebra’ una obra de arte con un «¡Mierda!» mientras el resto del planeta (los que no son de su especie) se deleita.  
Messi, en efecto, también tiene detrás una sombra de ‘haters’ deseándole el fracaso. Son ya muchos años soportando su magia, sus goles y sus regates, su inimitable forma de hacer fútbol. Y ahora que lleva tres partidos consecutivos sin marcar los agoreros encienden las alarmas. En efecto, cómo será de duro convivir con ese extraño odio metido en el cuerpo, que tres encuentros dan para «¡sequía!» o «¡crisis!». Cómo de ‘fuertecito’ estarán deseando que le llegue la jubilación que incluso el día después de dar tres asistencias de gol (y alcanzar las 11 en Liga, donde sigue siendo el máximo goleador y también asistente... ¡Bendita crisis!) se escriben reportajes sobre su falta de gol y muchos minutos de tertulia pivotan alrededor de su falta de puntería. 
Dudar de Messi, enterrar tanto talento por tan poca cosa, es  blasfemo. Cuando menos, pura ignorancia, como cuando le hicimos funeral de estado a un decadente Cristiano Ronaldo que jamás volvería a ser quien fue, y ahora está batiendo récords goleadores (10 jornadas seguidas anotando) en Italia. 
Cuando alguien duda del genio es porque necesita dudar, no hay otra manera de explicarlo: su cabeza  no asume que hasta el «cuelgo las botas» final seguirá dando lecciones de fútbol, y en el caso concreto de Messi, marcando goles. De hecho, cuantas más jornadas pase seco más cerca estará el ‘hat-trick’ de turno, que alguno ha marcado...