50 años de dolor y rabia

Aurelio Martín
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Se cumple medio siglo de uno de los días más negros de Segovia. El hundimiento de un salón en Los Ángeles de San Rafael dejó 58 muertes. Jesús Gil cumplió menos de dos años de condena.

El hundimiento se produjo de la cubierta al sótano. - Foto: Archivo Histórico Provincial.

En el pequeño folleto entregado a los asistentes al IX Aniversario Convención 1969 de la cadena de establecimientos de alimentación Spar, que se iba a desarrollar en el nuevo comedor del complejo ‘Los Ángeles de San Rafael’, el 15 de junio de 1969,  figura una cita del escritor romano Valerio Máximo, del siglo I después de Cristo, que sirvió de cantera a los oradores para extraer narraciones orales para sus discursos.  
La frase que tenían en la hoja anterior al menú que iban a degustar los propietarios de pequeños ultramarinos, vestidos de domingo, dispuestos a pasar una jornada festiva, incluso con su familia, llegados principalmente de Segovia, pero también de puntos de Ávila, Valladolid o Madrid,  era un canto contra el egoísmo, pero pudo funcionar como una premonición:  «Mirad no suceda que, mientras guardáis la tierra, perdáis el cielo». 
Entre las dos y media y las tres menos cuarto de la tarde, cuando aún no se había servido la comida, en un escándalo urbanístico sin precedentes, con resultado de muertes, por ahorro de materiales, construcción sin permiso y sin ni siquiera dejar fraguar el cemento, cedió la viga principal, se precipitó la techumbre sobre el comedor en el que se encontraban ya acomodadas cerca de 600 personas, hundiéndose también el piso de éste sobre el salón que se encontraba abajo, vacío por fortuna, pero que iba a haber sido habilitado para que almorzaran los empleados de la distribuidora Pascual Hermanos, porque se habían quedado sin sitio arriba.  

Duros momentos del rescate.
Duros momentos del rescate. - Foto:
El resultado fue de 58 muertos y más de un centenar de heridos, principalmente con fuertes traumatismos, alguno de los cuales falleció posteriormente.  
Fue una de las tragedias más negras de la historia de la Segovia del siglo XX, aún en la memoria de muchas personas, en un franquismo dictatorial que comenzaba a renquear, donde ya hubo escándalos de construcción en el sector del ladrillo, como el de Sofico, pero con la diferencia de que los afectados solo perdieron el dinero confiado a la inversión, aunque les produjera un perjuicio económico notable. En esta catástrofe del lado norte de la Sierra del Guadarrama, donde Jesús Gil y Gil, luego alcalde de Marbella y presidente del Atlético de Madrid, comenzaba a levantar un complejo residencial, transformando totalmente la zona del llamado ‘Cerro de Los Ángeles’, dejaron lo más preciado del ser humano: la vida; y a sus allegados sumidos en el máximo desconsuelo, algunos huérfanos. 
De las conclusiones que extraen algunos de los familiares de víctimas consultados ahora por El Día de Segovia, tras medio siglo, se desprende aún su disconformidad con la imposición de las penas a los condenados—incluso escaso tiempo de permanencia en la cárcel del principal encausado— y la indemnización — 650.000 pesetas por fallecido— dadas las negligencias reconocidas en la sentencia y en los testimonios de los testigos en el juicio donde expresamente afirmaban que era Jesús Gil «quien hacía y deshacía». Incluso el aparejador del complejo, José del Pozo, le escribió una carta certificada en el que le pedía que contratara un técnico cualificado para dirigir las obras de ampliación del comedor.  Personas del entorno de quien fuera el decorador, José Diviú, ya fallecido, recuerdan que declaró en el juicio que sus planos habían sido manipulados para que recayeran las culpas sobre él, aunque el objetivo no se logró.
Juan José López aún recuerda el triste suceso.
Juan José López aún recuerda el triste suceso. - Foto: Rosa Blanco
Varias cajas guardan el sumario 39/1969 en la Sección Judicial del Archivo Histórico Provincial de Segovia, de la Junta de Castilla y León, por imprudencia temeraria profesional con resultado de homicidios, donde aparecen desde planos a fotografías, informes periciales, autos del juez de instrucción, Juan Manuel Orbe, piezas separadas, o la sentencia del juicio, que se celebró con cierta celeridad, ya que la sentencia se dictó apenas dos años después, en octubre de 1971. Tan solo no están al acceso del público las cajas que guardan relación con las lesiones y nombres de heridos y fallecidos.   
En esta parte más dolorosa y amarga de la Segovia de finales de los años sesenta, donde en la memoria de algunos resuena una banda sonora de sirenas de ambulancias y bocinas de automóviles, con pañuelos blancos ondeando por la ventanilla, rondando las tres y cuarto de la tarde, también quedó patente la solidaridad, reconocida entonces con la Gran Cruz de la Beneficencia, entregada por el entonces ministro  de la Gobernación, Tomás Garicano Goñi, en uno de sus primeros actos oficiales en el cargo.
La ciudad se volcó en los actos fúnebres y en el consuelo a las familias, en realidad quienes habían quedado de la tienda de comestibles de debajo de muchas casas, en las que compraban a diario; también se volcó en el traslado de cadáveres y heridos, en el momento de la tragedia. Y en los hospitales, no solo en el principal, la Policlínica ‘18 de julio’, sino también en centros sanitarios privados, o en la donación de sangre, a la que se sumaron los alumnos de las milicias universitarias de Robledo, entre otros. Y bomberos, Cruz Roja, Ejército, Policía y Guardia Civil, incluso vecinos de El Espinar, que desescombraron la ‘zona cero’, para tratar de salvar el mayor número de vidas y rescatar a los cadáveres. 
Menú de la convención con la cita de Valerio Máximo, arriba a la izquierda.
Menú de la convención con la cita de Valerio Máximo, arriba a la izquierda. - Foto:
Todo el gremio de ultramarinos había quedado tocado, con matrimonios separados por la muerte, incluso niños,  hasta el punto de que, fallecieron los siete miembros de una familia de San Lorenzo de El Escorial, mientras que, por ejemplo, el matrimonio integrado por Juan Torquemada García y María Balandín Simón,  que regentaban una tiendecita en la calle de San Frutos, a los pies de la Catedral, dejaron huérfanos a sus seis hijos, de entre 20 y 30 años. 
También permanece el recuerdo de Domingo, el portero del Colegio de los Hermanos Maristas, entonces en la calle de San Agustín, aficionado a cuidar canarios en su pequeño cubículo, que hacía extras de camarero para sacar adelante a su familia, porque también fueron víctimas quienes iban a comenzar a servir aquel banquete, que nunca se llegó a consumir.    
El 18 de junio, tres días después del suceso, el secretario del Juzgado de Instrucción de Segovia, José Luis Silva González, estampaba su firma en el auto de procesamiento contra el responsable de ‘Los Ángeles de San Rafael’ , Jesús Gil y Gil; el jefe de la división de obras, Francisco Javier de Miguel Polo, y el maestro de obras, Eugenio García Rodríguez.  Para el primero se decretó la prisión provisional incomunicada, para los otros dos la prisión provisional comunicada.   
Momentos posteriores a la tragedia.
Momentos posteriores a la tragedia. - Foto:
¿Qué se celebraba? En realidad la convención nacional tenía lugar con motivo del noveno aniversario de la incorporación de la empresa Pascual Hermanos y detallistas adheridos a la cadena Spar. En el permiso solicitado al Gobierno civil, firmado por Pedro Pascual,  se anunciaba la presencia del director de Spar Española, Álvaro Ortiz de Zárate, cuya cadena comenzaba a abrirse paso como fórmula de comercio moderno, con un país que se desperezaba aún de la escasez, el estraperlo, la cartilla de racionamiento y hasta de la muerte por hambre. El tema principal del encuentro, la marcha de Spar y sus técnicas de venta.
Todo comenzó con una misa en el mismo complejo, a las 11,30 horas, para dar paso a intervenciones donde, según el programa de mano, en el que también se imprimió el menú, saludó Pedro Pascual, para dar paso también a algún ‘sparista’ y a expertos de la firma que hablaron de técnicas de venta como la que fuera popular cartilla de cupones ‘Valispar’. 
El almuerzo estaba programado a las dos y media de la tarde, se llegaron a sentar en el comedor más de quinientas personas, hasta el punto de que no cabían más comensales y los empleados de Pascual Hermanos se quedaron sin sitio, por lo que se optó porque les montaran mesas en el piso de abajo. Quienes lograron vivir dan gracias ahora de que esto no llegara a ocurrir, habrían caído sobre ellos personas y materiales de construcción. 
Cruz Roja en pleno trabajo.
Cruz Roja en pleno trabajo. - Foto:
El menú era suculento: entremeses selectos, truchas a la navarra, ternera serrana a la brasa,  tarta, ponche y helado, vinos Spar blanco y tinto, champán Spar, café Spar, coñac 501 y anís de la provincia. Como colofón un baile hasta las siete de la tarde.   
Los primeros platos  no llegaron a salir a la sala. Tomás Pascual, declaró que, sobre las dos y media, escuchó un golpe muy fuerte y vio cómo se hundía el techo y el piso, saliendo ileso y participando en las tareas de rescate. De su empresa, con 26 años de edad, estaba Juan José López, que conocía a todos los comensales por el nombre, ya que revisaba sus pedidos antes de salir del almacén. Desde la puerta contemplaba a todos los invitados sentados ya en las sillas y, de repente, recuerda que subió una enorme polvareda, previsiblemente como consecuencia del hundimiento del piso y no había nadie. Todo lo vio pasar a tres centímetros de que le desapareciera el suelo delante de sus pies, ante el vacío.
Junto con los que quedaron ilesos, López bajó a los escombros, entre un gran desconcierto, escuchó gritos de auxilio, voces y, como si fuera hoy, rememora que de debajo de unos ladrillos salió una mano que se agarró fuertemente a su pierna, dejándole inmóvil, hasta el punto de que tuvo que pedir a un compañero que le ayudara a liberarse porque le impedía moverse y comenzar a auxiliar a los heridos.     
Pasaporte retirado a Jesús Gil.
Pasaporte retirado a Jesús Gil. - Foto:
Cuando se había acercado por la mañana, a López le olía a humedad en el comedor, incluso algunas ventanas estaban cubiertas con una cortinilla, no había dado tiempo a colocar otra cosa, incluso hay un testigo que aseguró que, el sábado 14 de junio, a las nueve de la noche, había obreros trabajando, fabricando un tabique sobre un andamio. Más explícito fue el primer informe del fiscal quien fue tajante al afirmar que trozos de argamasa y hormigón conservaban la humedad y estaban blandos. 
El periodista de Televisión Española (TVE), Julio César Fernández, hermano del exalcalde de Segovia, Maximiliano Fernández García, relaciones públicas del complejo, salvó milagrosamente su vida. Su teoría es que las vigas se había apoyado directamente sobre el ladrillo y cedió totalmente el armazón del edificio.  
FORENSES.  La inspección ocultar judicial deja patente que se había hundido desde la techumbre hasta el suelo, mientras que obreros y militares, entre otros, procedían al desescombro. La zona hundida, añadía el informe, estaba destinada a comedor ya que, entre los cascotes, se apreciaban  manteles, vasos, botellas y cubiertos, así como restos de mesas y sillas. Los cadáveres se trasladaron a otra ala del edificio, un total de 35 se extrajeron hasta las siete menos cuarto de la tarde,  unas cuatro horas después del hundimiento. A esa hora, el jefe de bomberos no creía probable encontrar más víctimas, hasta el total o fallecieron en el traslado o ya en los centros hospitalarios.  El ‘18 de Julio’, el Hospital de la Misericordia, el Sanatorio de Guadarrama o el Hospital ‘La Paz’, fueron algunos centros de referencia, la conmoción fue enorme.  Las autoridades recabaron el auxilio de médicos forenses, a quienes convocaron a primeras horas del día siguiente del suceso, para las autopsias. 
Suárez en las tareas de rescate.
Suárez en las tareas de rescate. - Foto:
El expresidente del Gobierno Adolfo Suárez había llegado a Segovia como gobernador civil el 31 de mayo de 1968, conocía ya el escenario de ‘Los Ángeles de San Rafael’ y a Jesús Gil pero en otras circunstancias porque, hacia menos de un año que había inaugurado la urbanización.  Después fue quien dio la orden de detenerlo. Quien le vio el día de la tragedia le recuerda en mangas de camisa sacando heridos y organizando los traslados, incluso hay quien le atribuye haber salvado vidas por haber establecido un protocolo de urgencias. Tampoco se alejó de la zona –hoy centro de negocios–  quien fue su vicepresidente, entonces presidente de la Diputación, Fernando Abril Martorell. En el sumario consta una lista de 73 objetos encontrados en el lugar por la Guardia Civil, desde bolsos, a joyas, gafas, prendas de vestir y otros efectos.  
Los primeros intentos de sacar a Jesús Gil de la cárcel de Segovia, a donde le servían la comida desde un restaurante de la calle,  fueron de su madre Guadalupe Gil, quien escribió una carta al jefe del Estado, Francisco Franco, el 4 de septiembre de 1969, pidiendo la libertad para su hijo a quien consideraba «adicto al régimen de toda la vida», recordando que, de niño, acudió a los campamentos de Falange, en Valdeavellano de Tera. Aunque el fiscal pidió 10 años de cárcel, fue condenado a cinco años de prisión mayor, mientras que las otras penas mayores recayeron en cuatro meses de prisión menor a  Javier de Miguel Polo, otros tantos a Eugenio García Rodríguez y seis meses al capataz Eugenio Maderuelo. 
También la defensa había insistido en solicitar su libertad, habiéndole sido retirado el pasaporte, incluso salio bajó vigilancia dándose la circunstancia que alguno de los inspectores de Policía que le custodiaban terminó siendo responsable de seguridad de las empresas de Gil.  El exalcalde de Marbella, luego envuelto en otros escándalos,  a quien acusaron de haber ordenado la ejecución de las obras sin arquitecto ni aparejador, argumentaba siempre en su defensa que, en todo momento, se hizo cargo de «las desgracias».
Auto de prisión a tres encausados.
Auto de prisión a tres encausados. - Foto:
Su hijo, Óscar Gil Marín, actual presidente de ‘Los Ángeles de San Rafael’,  en una entrevista con TVE, se mostró convencido de que, hoy día, su padre no hubiera entrado en la cárcel, de la misma forma que no ocurre con el presidente de una compañía aérea cuando se estrella un avión, mientras recordaba que afrontó el  cumplimiento de la pena carcelaria y la responsabilidad civil, superior a los 400 millones de las antiguas pesetas, a su juicio.    
Entre los barrotes de la que fuera antigua prisión que luego fue ‘Casa de templanza’, derribada y convertida en bloque de viviendas, Jesús Gil no llegó a cumplir año y medio de los cinco de la condena porque Franco firmó su indulto en la amnistía con motivo del nombramiento del Rey Juan Carlos como sucesor. Aún a día de hoy familias de los afectados siguen considerando esta situación como anómala porque, además, esgrimiendo testimonios de dentro del penal, el reo gozaba de excelentes condiciones, solo, con televisión y puros para fumar.   
Raúl Torquemada, que perdió a sus abuelos, está preparando un homenaje a las víctimas, este sábado, a las ocho de la tarde en la Catedral, el primer templo donde tuvo lugar el multitudinario funeral, presidido por el ministro de la Gobernación Camilo Alonso Vega, con una misa y alguna interpretación musical.
Su tía, María del Carmen, huérfana de padre y madre, aplastados por la maldita viga central, ya que se habían situado cerca de la mesa presidencial, por su amistad con los hermanos Pascual, habla de las paradojas de la vida, aunque aún presa del dolor y la rabia.  Su madre fue la primera en ser rescatada y trasladada a un hospital en el coche de Jesús Gil, mientras que de su padre no hubo noticias, hasta las ocho de la tarde, lo habían llevado cadáver a El Espinar. 
No pudo ver a sus progenitores, se lo impidieron, solo lo pudieron hacer sus hermanos, pero comprobó que su madre yacía en el ataúd número 51 y su padre en lel 57, justo la edad que tenían cada uno al morir. Cruel coincidencia.