DE SIETE EN SIETE

Rafael Monje

Periodista


El carbón, cada vez más amargo

Convendrán conmigo en que los buenos deseos de consenso y paz para el nuevo año han quedado eclipsados de un plumazo tras lo visto en el debate de investidura de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno. La legislatura se presenta, cuanto menos, bajo no pocos enigmas y llena de riesgos para una formación histórica que para llegar a La Moncloa ha tenido que comerse los duros sapos de independentistas y achantar las orejas en más de una ocasión.
Por lo visto estos días, la política nacional se ha convertido no ya en un circo con varios neófitos en el arte del funambulismo, sino en ese patio vecinal de griterío y sonroja, donde darse siquiera la hora va a ser circunstancia excepcional.
Creo sinceramente exagerado encasillar a todos los que critican la Constitución del 78 en una posición proclive a la ruptura de España, como tampoco todos los que la defienden a capa y espada están en posesión de la verdad absoluta. Pero el alto riesgo desvelado en el transcurso de las sesiones de investidura ponen la carne de gallina a cualquiera, porque lo que está en juego no es la sostenibilidad o no de un Ejecutivo integrado por dos partidos políticos (y que, mucho me temo, serán dos gabinetes paralelos), sino la confianza en los resortes de un país fuerte y moderno, en el que se respeta el Estado de derecho, la división de poderes y el cumplimiento de las leyes. Eso, por no hablar de la renovada afrenta contra el sistema democrático, en el que los de siempre pretenden colocar en la casilla de los malos a las víctimas en lugar de los verdugos.
Mal, muy mal, empezamos una década en la que priman los intereses de partido, el frentismo, la polarización extrema de la política, los estériles anhelos identitarios y las proclamas secesionistas en vez del bienestar de la gente. Así es normal dilucidar que los pajes que cabalgan a lomos del candidato ganador han portado en este inicio de año el carbón más amargo con el que podíamos arrancar un periodo esperanzador que siempre supone la configuración de un nuevo gobierno. No es un panorama apocalíptico, pero joder cómo se parece.