El laboratorio del líder

Nacho Sáez
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Los jugadores atienden al entrenador, Daniel Gordo, durante una sesión de vídeo.

El Nava, que acaricia el ascenso a Asobal, ha creado una estructura casi profesional. El cuerpo técnico obtiene estadísticas en tiempo real de situaciones tácticas, realiza hasta cuatro sesiones de vídeo a la semana y cuenta con una rehabilitadora.

La semana después de dejar casi certificado su ascenso a la Liga Asobal -tras derrotar al Alarcos Ciudad Real- comenzó el martes para el Viveros Herol Nava. El cuerpo técnico y  el capitán, Carlos Villagrán, llegaron a un acuerdo para que el lunes fuera de descanso y así tomar un último impulso para afrontar la recta final de un curso que ha sido extenuante. Desde que arrancara la pretemporada allá por el mes de agosto, prácticamente no ha habido respiro para un equipo que ya se comporta de forma semejante a uno profesional. El Día de Segovia lo ha podido comprobar ‘in situ’ siendo testigo de una de sus jornadas de trabajo en el pabellón Guerreros Naveros. 
Es martes y, pocos minutos antes de las seis de la tarde, abre la puerta el entrenador, Daniel Gordo, acompañado por su segundo y preparador físico, Alejandro Pereira. No hay tiempo que perder y, en una de las salas del pabellón, convertida en improvisado gimnasio, preparan las sillas, el ordenador y el proyector porque toca sesión de vídeo sobre su próximo rival. Escriben algunos apuntes en la pizarra y entran los jugadores; la mayoría provistos con un cuaderno para tomar notas. Comienza entonces una clase sobre ‘cortes’, ‘arrastres’, ‘transiciones’ o ‘jugadas abiertas’ en la que diseccionan a nivel ofensivo a su oponente. La parte defensiva la dejan para otro momento de la semana.
Cuando salte a la cancha el sábado, el Viveros Herol Nava afrontará el choque con las máximas garantías gracias a esa información facilitada por el cuerpo técnico, que casi nada más acabar los partidos empieza a preparar el siguiente compromiso. El mismo domingo ya envía a la plantilla el plan de la semana y edita los vídeos. Esta última labor les lleva unas 14 horas e incluye el análisis del juego propio, además del ‘scouting’ del rival. Una pieza fundamental para llevarla a cabo es Alejandro Pereira, que cumple su segunda temporada en Nava convertido en la mano derecha del entrenador. Daniel Gordo y él se conocen desde la etapa de ambos en las categorías inferiores del Ademar León. Por eso no se lo pensó cuando recibió su llamada a pesar de que era el director deportivo del Balonmano Ciudad de Algeciras.
Con él se vino su pareja, Sandra Rodríguez, también  licenciada en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, que se ha hecho cargo del trabajo de recuperación de los jugadores. Un club de élite hoy en día no se entiende sin esta figura. Mientras el equipo se entrena sobre la cancha, ella enfila el camino hacia el gimnasio junto a Álvaro Rodrigues, Adrián Rosales y Paco Bernabéu. Allí les propone diferentes ejercicios, uno detrás de otro, para que se recuperen sin riesgos de las dolencias que arrastran,  al tiempo que se fortalecen.
Además, el cuerpo técnico cuenta con el apoyo del fisioterapeuta Daniel García, que ya es un veterano en el Nava y conoce a la perfección a todos los jugadores. Sabe que varios de ellos están expuestos a sufrir problemas físicos sobrevenidos porque compatibilizan el balonmano con otros trabajos. Darío Ajo es profesor, Bruno Vírseda trabaja en una empresa de plásticos, Carlos Villagrán en una  de carpintería... La mitad de la plantilla se puede considerar profesional, mientras que el resto continúan desempeñando otras actividades sin que se les caigan los anillos. Es el caso de Antonio Llopis, formado en el balonmano madrileño pero asentado en Nava de la Asunción, donde realiza las funciones de bedel del nuevo pabellón cuando no le toca entrenar. Está también al frente del bar, de modo que los chavales de la cantera van a comprar al que los sábados es su ídolo.
La normalidad es el denominador común en un club que es probable que dentro de unos días vea llegar a medios de comunicación nacionales decididos a contar su historia. El periplo del club de un pueblo de 2.800 habitantes con una economía vinculada principalmente a la agricultura, la ganadería y el sector servicios. No tiene Nava de la Asunción una industria boyante como Villareal con la cerámica, aunque Viveros Herol y decenas de pequeñas empresas han colaborado en este sueño que no parece tener techo. A falta de ponerle la rúbrica, el ascenso a la máxima categoría del balonmano español es un hecho y la junta directiva y el cuerpo técnico ya han mantenido las primeras reuniones para planificar el futuro.
Ese futuro se asienta sobre pilares sólidos. Uno es la cantera, que se ha convertido en la envidia del resto del balonmano de Castilla y León y de otras muchas comunidades. El equipo juvenil se acaba de proclamar campeón de Castilla y León, el filial aspira a ascender a la Primera Estatal, Óscar Marugán ya ha sido convocado con la selección española promesas... El trabajo con las categorías inferiores no deja de dar satisfacciones al club, que además desde este curso cuenta con unas instalaciones acordes a la labor que realiza.
El Pabellón Guerreros Naveros no dispone de lujos, pero sí ha permitido dotar de un mayor sentido a la actividad del Balonmano Nava. El primer equipo ha dejado atrás los entrenamientos casi nocturnos a los que le obligaba el viejo polideportivo y ha adquirido unas rutinas que, a la vista de los resultados, han sido idóneas. Suele ejercitarse lunes, martes, jueves y viernes desde las seis y media y hasta las nueve y media aproximadamente. Algunos jugadores también hacen sesiones por la mañana, aunque depende de que no tengan que trabajar y de las necesidades de los ejercicios específicos para los porteros, la defensa y el ataque que prepara el entrenador, que todas las mañanas se reúne con su segundo para revisar la planificación e introducir cambios si lo consideran oportuno.
Aunque carecen de grandes medios, no han desaprovechado las oportunidades que ofrece la revolución tecnológica y han incorporado una aplicación diseñada por el informático leonés José Manuel Álvarez para obtener estadísticas de las diferentes situaciones tácticas. Cualquier cuerpo técnico puede llevar la cuenta de los ataques finalizados con acierto, los balones perdidos o los minutos disputados por cada jugador, pero es bastante menos habitual que disponga de datos en tiempo real acerca del éxito de las diferentes opciones tácticas planteadas para un partido. «Así, en el descanso podemos trasladar a los jugadores qué jugadas están funcionando mejor y cuáles peor», apunta Daniel Gordo, al frente de este laboratorio en el que también se cimentan las victorias de este histórico Viveros Herol Nava.

La rehabilitadora del equipo, Sandra Rodríguez, dirige el entrenamiento de los lesionados.
La rehabilitadora del equipo, Sandra Rodríguez, dirige el entrenamiento de los lesionados.
El entrenador, Daniel Gordo (derecho), y su segundo, Alejandro Pereira.
El entrenador, Daniel Gordo (derecho), y su segundo, Alejandro Pereira.
Darío Ajo y el fisioterapeuta, Daniel García.
Darío Ajo y el fisioterapeuta, Daniel García.