CRÓNICA PERSONAL

Antonio Casado

Periodista especializado en información política y parlamentaria


Feijóo no es Alonso

El presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, hizo escala en Madrid este martes para objetar la doctrina de su jefe político, Pablo Casado, sobre la sumisión de los "proyectos regionales" al superior interés del partido.

Muy en línea con la doctrina Rajoy, exlíder nacional del PP y expresidente del Gobierno y del PP. Escribe en su reciente libro de memorias: "Aprendí que un partido político que se precie no debe desdeñar la opinión de sus líderes territoriales". Unas líneas más abajo: "La experiencia me dice que nunca lleva a buen puerto imponer decisiones ya tomadas sin antes haber consultado, o al menos escuchado, a las organizaciones territoriales".

Es de estricta aplicación al caso de Alfonso Alonso, destituido por la dirección nacional del PP como cabeza de lista a las elecciones vascas del 5 de abril. Al considerarlo una falta de confianza en él, Alonso presentó inmediatamente su dimisión como presidente regional del partido, después de treinta años de entrega, en puestos tan relevantes como la alcaldía de Vitoria o el Ministerio de Sanidad, entre otros.

En presencia de Pablo Casado y otros dirigentes nacionales del PP, Núñez Feijóo elogio la figura de Alfonso Alonso y lamentó su marcha de la política, sin dejar de rogarle que reconsiderase su decisión.

Pero lo significativo fue que reprodujera las posiciones de Alonso (reivindicación regionalista, reticencias respecto a la confluencia con Ciudadanos y nítido rechazo a las posiciones de Vox), sin que a nadie en la calle Génova se le haya ocurrido afearle la conducta o recordarle que se debe al interés superior del partido, que ahora busca confluir con Cs la reconstrucción de un centro-derecha de firme compromiso constitucional.

En ese punto me remito a estas palabras de Feijóo, directas al corazón del debate: "Galicia está por encima de cualquier partido, también por encima del mío".

Pero pueden ustedes estar seguros de que el presidente de la Xunta de Galicia no correrá la misma suerte que ese Alonso que reivindicaba mayor autonomía en cuestiones políticas (electorales, en este caso) que afectasen a la peculiar dinámica del País Vasco, donde el PP, ideológicamente solapado por el PNV tras el fin de Eta, es irrelevante (9 diputados de 75), mientras que en Galicia Núñez Feijóo está acorazado con la mayor facturación electoral de la reciente historia democrática de nuestro país (47,53% en las elecciones autonómicas de 2016, solo comparable a la barrida socialista de Felipe González en octubre de 1982).

Así que no es el regionalismo lo que se interpone en la política refundadora del centro derecha, sino las relaciones de poder, que también funcionan a escala de partido.