La cocina maldita del PP

Pilar Cernuda
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El 'caso Kitchen' ha agudizado la debilidad del principal partido de la oposición y su falta de cohesión, a pesar de los esfuerzos de Casado, lo que ha afilado los dientes al Gobierno

La cocina maldita del PP - Foto: JORGE ZAPATA

Francisco Martínez, el exsecretario de Estado de Seguridad del primer Gobierno de Rajoy, no es un mayordomo infiel al uso. Ni levantó la manta ni filtró mensajes comprometedores a medios de comunicación. Los wasaps publicados en esos medios no procedían de Martínez, sino de la investigación judicial en marcha sobre el caso Kitchen, en la que se intervino su teléfono y se conocieron los mensajes intercambiados con su jefe, el ministro de Interior Jorge Fernández Díaz, y con altos cargos del PP. En esos mensajes reprochaba con palabras duras el trato recibido de «miserables» como Rajoy, Cospedal y Fernández Díaz, y que su partido le hubiera dejado «tirado». 
Francisco Martínez, cuando advirtió que el PP le apartaba de las listas al Congreso, donde había sido diputado y por tanto aforado, pidió al secretario general que lo incluyera en la lista o, como alternativa, en la de la Asamblea de Madrid. La respuesta fue negativa. Fue entonces cuando se dio cuenta de que iba a ser chivo expiatorio de una operación en la que tuvo un papel fundamental, la Kitchen, pero que no había ordenado ni diseñado. Las órdenes, lo dijo siempre, las había recibido de quien podía dárselas: su inmediato superior, Jorge Fernández. 
Se trataba de encontrar una persona que pudiera ofrecerles información sobre Luis Bárcenas, el extesorero y bestia negra del PP desde que denunció una supuesta financiación irregular del partido y sobresueldos a sus altos cargos. Martínez y el equipo de Villarejo que trabajaba en Interior consiguieron hacerse con la voluntad del chófer de Bárcenas, Sergio Ríos, que a cambio de 2.000 euros mensuales de los fondos reservados les facilitó información sobre su jefe, les consiguió documentos y, lo más importante, pasó a la Policía el teléfono móvil de Bárcenas, móvil en el que en apenas unos minutos clonaron el dispositivo del obtuvieron importante información.
El caso Kitchen es hoy una pieza separada de las investigaciones que realiza el juez García Castellón sobre las muchas operaciones en las que ha intervenido el comisario Villarejo, un hombre que tuvo un papel relevante en la lucha contra ETA en los años 80 y que consiguió mantener cargos en Interior con sucesivos Gobiernos del PSOE y del PP. Durante un tiempo ofreció sus servicios a personalidades de la empresa y de la política, y todos ellos han caído porque Villarejo grabó todas las conversaciones que mantuvo con ellos cuando le encargaban trabajos. Dijo el excomisario en una ocasión que más valía que le trataran bien porque tenía en su mano la posibilidad de hacer caer las estructuras del Estado. No mentía: se cuentan por docenas los nombres de sus víctimas, todas ellas de la máxima importancia. La última, Francisco Martínez. 
El caso Kitchen ha afilado los dientes al Gobierno, un equipo que atraviesa el momento más grave de su todavía breve historia y que es consciente de que lo peor le queda por llegar. Con la operación policial e ilegal contra Bárcenas, Sánchez ha encontrado un nuevo motivo para arremeter contra un PP que ya estaba debilitado porque no cuenta con una dirección experimentada para ejercer el liderazgo de la oposición, y que tampoco cuenta con una mayoría parlamentaria que suponga una amenaza.


Un diputado por ávila

Con el Kitchen, el PP se encuentra paralizado para denunciar los casos de corrupción que forman parte de la peor historia del PSOE y sobre todo de los que hoy están de  actualidad: las investigaciones sobre la financiación irregular de Podemos y los posibles sobresueldos que cobraba su cúpula, así como la peripecia de la tarjeta del móvil de Dina Bousselham, exasesora de Pablo Iglesias. Un caso que según el exabogado de Podemos es un montaje de Iglesias y que además ha dejado de manifiesto el machismo con el que el líder de Podemos trata a las mujeres de su entorno.
El PSOE y Podemos han propuesto la creación de una comisión parlamentaria sobre el caso Kitchen, a la que se han sumado la mayoría de los partidos que facilitaron la investidura a Pedro Sánchez y también Cs, a pesar de ser socio del PP en importantes gobiernos regionales y municipales. Hasta ese punto esa operación ha convertido al PP en un partido al que la mayoría de la clase política considera apestado. 
Casado no era miembro de la dirección del PP cuando se produjo el espionaje a Luis Bárcenas, como él mismo se ha ocupado de señalar, pero el PSOE y Podemos han pedido la comparecencia en esa comisión de Rajoy y Cospedal entre otros, y también de Casado. Es evidente que Sánchez ha encontrado un elemento más para debilitar a su principal adversario. 
La debilidad del PP era una evidencia desde hace tiempo, y se agudiza con el caso Kitchen. La reacción inicial de Pablo Casado no fue además la más indicada, cuando declaró que cuando se produjo él era solo un diputado por Ávila. Cualquier político con un poco de experiencia, en una situación de crisis como la que está viviendo el PP habría lanzado de inmediato, tanto a militantes como a votantes, y a quienes no lo son, que el PP es un partido fuerte, sólido, unido, implacable en la lucha contra la corrupción, y que se mantendrá en su línea de apartar a quienes son condenados por los tribunales, y recordando también los muchos que han sido absueltos después de ser condenados por la opinión pública y la publicada. 
Su reacción de anteponer que él era un solo un diputado de Ávila ha provocado que personas destacadas del partido, en donde hay miembros de la dirección que han sido personas de la máxima confianza de Rajoy y mantienen una sólida relación personal con el expresidente -no solo Ana Pastor- hayan confesado su incomodidad por ese mensaje subliminal de que Casado ha promovido la renovación del partido para dar carpetazo a los casos de corrupción. En cuanto a Rajoy, calla. Ni siquiera desmiente algunas publicaciones que recogen su supuesto estado de ánimo, que también supuestamente traslada su gente más cercana.
Malos momentos por tanto para el PP, por el caso Kitchen y porque ha vuelto a salir a la superficie la escasa cohesión actual, provocada por unas primarias cuyo resultado no convenció a todo el mundo, ya que no fue Casado quien ganó en primera vuelta y necesitó el apoyo de los votantes de Cospedal para hacerse con el triunfo.
Ha hecho esfuerzos de unidad, pero no suficientes. Y se nota en situaciones como las que está viviendo el partido.