Una semana de infarto

JAVIER M. FAYA (SPC)
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Las frenéticas negociaciones entre el PSOE y Podemos no dan su fruto y la sombra de unas nuevas elecciones planea sobre la política española

Una semana de infarto - Foto: SERGIO PEREZ

Lamentable. Así se podría calificar lo sucedido esta semana en la política española que, en los últimos años, parece empeñada en hacer el más difícil todavía después de la investidura fallida de Pedro Sánchez. Yes lamentable porque no ha quedado nada de ese espíritu de la Transición -que algunos, como Podemos, demonizan-, de cuando se ponían de acuerdo comunistas y derechistas. Desde la Segunda República, nunca el PSOE había ofrecido un Gobierno a un partido situado a su izquierda, y este parece haber perdido una oportunidad histórica que a buen seguro lamentará. Ono, porque la política da muchas vueltas y el pacto entre socialistas y morados en Navarra el pasado viernes y en Aragón ayer supone un rayo de esperanza para ellos.   
Resulta también lamentable que tres meses después de las generales, España no tenga un Gobierno y la sombra de un adelanto electoral esté más presente que nunca, como en 2016. Cualquiera diría que se habían celebrado hace un par de semanas porque las negociaciones se hicieron deprisa y corriendo, como el que deja los deberes para última hora. Fueron cuatro días de locura, entre el discurso de investidura del lunes y la segunda votación del jueves. 
Con un asesor como Iván Redondo, nada se deja al azar. De hecho, Sánchez no ha cesado -ni cesa- de mirar a diestra y siniestra, castigando a Podemos y a Ciudadanos. A los primeros les exigía su apoyo para evitar que la «ultraderecha» -aún le sigue sacando partido a la foto de Colón- gobernara. A los segundos, e incluso al PP, un cheque en blanco de la abstención, para que no tuviera que recurrir a los independentistas catalanes, y ya puestos, a los populistas. 
No había contrapartidas, y eso al final le ha acabado pasando factura porque en política, como en la vida, nadie da nada gratis.
El gran perdedor no es Sánchez sino Iglesias. IU y los comunes están muy dolidos, y unas generales con Errejón como rival -en Madrid le hizo mucho daño- serían la puntilla. 

 

Lunes 22. Primer aviso

Pedro Sánchez arranca el discurso de investidura sin citar a Cataluña, tendiendo la mano a Podemos y haciendo un guiño al PP y Cs, algo que irrita a Pablo Iglesias. Los partidos de la oposición, en especial los independentistas, quedan extrañados y los morados decepcionados.

El líder de Podemos vuelve a marcar las líneas rojas: «No nos vamos a dejar pisotear». No es la primera advertencia a su socio, pero el aviso cobra especial relevancia en vísperas de las dos votaciones.

Hay mucha expectación con el presidente de Vox, Santiago Abascal, que se estrena en el Hemiciclo haciendo un alegato contra la inmigración ilegal y acusando a las ONG de colaborar con las mafias. Tuvo tiempo el vasco de criticar a los «enemigos de la patria» que iban a apoyar a Sánchez, que le ningunea en la réplica. El presidente le utiliza para cargar contra PP y Ciudadanos. Una vez más, apela al miedo y a la foto de Colón para intentar ganarse el favor de la izquierda y desgastar a los de Rivera. 

 

Martes 23. Derrota inevitable

Estaba cantado que en la primera votación, Sánchez fracasaría. Necesitaba 174 votos y solo obtuvo 124; 123 propios y uno del PRC. Se producen 52 abstenciones (Unidas Podemos, PNV, EH Bildu y Compromís), 170 sufragios en contra: PP, Cs, Vox, ERC, Junts, Navarra Suma, CC y Unidas Podemos, en este caso, el voto telemático de Irene Montero.

Los morados, como gesto de buena voluntad, deciden in extremis cambiar del no a la abstención porque la papeleta de Montero -que vota la primera horas antes- refleja el rechazo. Si el día anterior se quejaban de que solo les habían ofrecido una Vicepresidencia «casi carente de contenido»y dos Ministerios «de poco peso», Ferraz parece ser más generosa al ofrecer Sanidad, Cultura, Agricultura, Ciencia y Universidades, Turismo y Deportes.   

En el ambiente prima la idea de que el pacto es inevitable, y que algunas palabras gruesas entre PSOE y Podemos forman parte del teatro. 

 

Miércoles 24. Saltan los puentes

Es el día de los equipos negociadores, liderados por Carmen Calvo en el PSOE y por Pablo Echenique en Unidas Podemos. El ambiente es pésimo, de cruces caóticos dominados por los recelos. Paran al mediodía y no a comer como se piensa. Yes que a los morados les parecía insuficiente la oferta de Ferraz, que señala que erauna Vicepresidencia social y los Ministerios de Vivienda y Economía Social;Sanidad, Asuntos Sociales y Consumo;e Igualdad. Por eso choca que los de Iglesias criticaran que no quisieran compartir «ninguna competencia social». Mientras, la andaluza se queja amarga y públicamente de las altas pretensiones.  

Los morados denuncian que no iban a tener influencia en la subida del salario mínimo a 1.200 euros, en la bajada de la factura de la luz... 

El número uno de Unidas Podemos queda tocado al filtrar los progresistas las conversaciones. Calvo lo niega categóricamente, pero un análisis de los metadatos, según un diario nacional, la pone en evidencia.

 

Jueves 25. Fracaso y guerra

Es el gran día, marcado en rojo desde hace semanas. Pedro Sánchez iba a ser sí o sí presidente del Gobierno. Pero la votación le es esquiva:124 síes, 67 abstenciones y 155 noes, y se cumple la posibilidad que barajó el lunes:ser el primer candidato que fracasa en dos investiduras.   

A primera hora de la mañana, había llegado la oferta final de La Moncloa:Vicepresidencia social con competencias en Seguridad Social, Dependencia y Pobreza Infantil, y tres Ministerios: Sanidad y Consumo, Igualdad y Vivienda. Pero los morados tampoco aceptan.  

Con cara de perdedor, en la tribuna, Sánchez carga contra Iglesias con furia, reprochándole lo que va a pasar. Este le hace una última contraoferta:«Renunciaremos a Trabajo si nos ceden las competencias para dirigir las Políticas Activas de Empleo». El aspirante no se digna a responder y sí su número tres y negociadora, Adriana Lastra, que recuerda al vallecano que estas se hallan transferidas a las regiones. Guerra total.  

 

Viernes 26. Dura resaca

Cumpliendo con el protocolo y la ley, la presidenta del Congreso, Meritxell Batet, va a La Zarzuela a comunicar el fracaso de la investidura al Rey, que, al igual que en 2016, deja tiempo a los partidos para que busquen acuerdos antes de convocarles para una nueva ronda de consultas. Todo indica que dejará pasar varias semanas, ya que es muy posible que Sánchez, a quien recibe en su despacho, se vaya de vacaciones, como el resto de políticos. 

Es el momento de los reproches. Calvo, tras el Consejo de Ministros, comunica que dan por zanjada la vía de un Ejecutivo de coalición con Iglesias y llama a la responsabilidad a PP y Cs, mientras Montero acusa al PSOE de mentir y amenazar.

Mientras, en Navarra, los socialistas de Chivite acuerdan con Podemos y Geroa Bai un pacto de Gobierno, que dependerá de la más que probable abstención de Bildu. 

 

Sábado 27. Segundo guiño en 24 horas

Desde Ferraz, la presidenta del PSOE, Cristina Narbona, vuelve a atizar a Podemos, al tiempo que exige a PP y Ciudadanos responsabilidad para que le apoyen con la abstención. Sobre la hoja de ruta, da por seguro -algo que con Sánchez al mando es imposible- que no habrá Gobierno de coalición y no repetirán la oferta tan generosa que le hicieron a los morados. «Exploraremos otras vías», afirmó solemne. Las opciones son pocas ,ya que populares y liberales están enrocados en el no. De hecho, Cuca Gamarra, por parte del PP, e Inés Arrimadas (Cs), ratificaron las posturas de sus partidos. La jerezana aprovechó para atacar al presidente en funciones por calificar al independentista Rufián como un «hombre de Estado».  

Mientras, en Zaragoza, el PSOE de Javier Lambán y Podemos alcanzan un preacuerdo. Un nuevo guiño a Iglesias en 24 horas.

EH Bildu anuncia que consultará a las bases sobre si apoyar al PSN.