Sánchez. 'Tocado' pero con ganas de pelea

Pilar Cernuda
-

El socialista aprovechará las vacaciones para tomar impulso de cara a nuevas negociaciones que le garanticen la permanencia en La Moncloa

Sánchez. 'Tocado' pero con ganas de pelea

Cuentan sus incondicionales, su círculo monclovita, que la decepción, la tristeza y también la rabia ante el fracaso de la investidura, le duró a Pedro Sánchez lo justo. Que el socialista, como le contó a Pedro Piqueras, está decidido a pelear para ser presidente del Gobierno y piensa «explorar otros caminos». 
Ya se sabe que la palabra de Sánchez también vale lo justo, aunque es cosa habitual en los políticos, para los que nunca jamás significa de momento. Hace apenas 10 días declaraba que si no era investido en la primera convocatoria no buscaría la segunda oportunidad y se iría a elecciones. Pudo ser una estrategia para que Podemos cediera en sus exigencias o Albert Rivera se lo pensara mejor y se inclinara por la abstención. Puede. Ese tipo de amenazas se dan con frecuencia, pero Pablo Iglesias se ha empecinado en formar parte del Gobierno con ministerios potentes y a Rivera ni se le ha pasado por la cabeza estas semanas abstenerse para permitir que Sánchez continuara siendo jefe del Ejecutivo.
Se olvida de que Pedro Sánchez ya ha pasado por esta situación en una ocasión anterior, a principios de 2016, pero su derrota en aquella votación no ha sido tan importante como la del pasado jueves: no era presidente como ahora, ni siquiera había ganado las elecciones; fue candidato porque Rajoy rechazó la propuesta que le ofreció el Rey, pues era quien había ganado las elecciones, pero sabía el entonces presidente que no tenía ninguna posibilidad de ser elegido.
Sánchez, con su optimismo habitual y el alto concepto que tiene de sí mismo y de sus capacidades políticas, aceptó entonces el reto convencido de que podría ser elegido con el apoyo de Podemos. Pinchó en hueso y, además, Pablo Iglesias le toreó hasta el punto de que en algún momento la figura del candidato rozó el ridículo. Cuando comprendió que no había nada que hacer con los morados, miró hacia Ciudadanos e incluso llegó a firmar un acuerdo de Gobierno con Rivera; pero finalmente tanto Iglesias como Rivera dieron un paso atrás, lo que nunca ha olvidado Sánchez, que tiene hacia los dos una profunda y confesa animadversión personal y política.
Y con toda seguridad se acrecentará después de que el secretario general de Podemos le haya fallado nuevamente al exigir lo que de ninguna manera pude exigir un partido que es cuarta fuerza -estaba cargado de razón Sánchez al rechazar cederles tanto poder- mientras que Rivera se empecinó en el no desde el primer momento y fue inamovible en esa posición, a pesar de que gran parte de su partido le pedía la abstención. Porque creían que Ciudadanos se apuntaría un tanto frente al PP al hacer valer su sentido de la responsabilidad permitiendo que finalizara el bloqueo. 
Rivera se mantuvo en sus trece, pronunció un discurso demoledor para Sánchez en la sesión de investidura, hiriente… y profundizó en la crisis interna que viven los naranjas desde las elecciones, con la pérdida de importantes dirigentes, sobre todo en el área económica. Políticos que creían que era una buena opción abstenerse en la investidura, no solo para deshacer el bloqueo sino también, y sobre todo, para marcar distancias con Vox, un partido que creen que contamina a Ciudadanos tras los acuerdos alcanzados con ellos. Porque ha habido acuerdos, aunque no fotos. Lo demuestran los altos cargos municipales y autonómicos alcanzados por Ciudadanos gracias a los votos de Vox.
Sánchez se va a tomar dos o tres semanas de vacaciones en las que no dará ningún paso de acercamiento para asegurarse una segunda vuelta exitosa. No lo hará, dicen en su entorno, porque necesita reflexionar sobre lo ocurrido, porque sabe que sus posibles interlocutores -Iglesias, Casado, Rivera- también tienen planes vacacionales y sobre todo porque debe tantear el terreno para averiguar si tiene posibilidad de que las negociaciones vayan a buen puerto, ya que su grado de confianza en Iglesias y Rivera es nulo. Comenta su equipo que tiene perfectamente contadas las ocasiones en las que los líderes de Podemos y Cs le retiraron su apoyo cuando creía que lo tenía fijo. 
OBLIGADO A RENUNCIAR. Estudiará posibilidades de que el PP pueda abstenerse. Paradójicamente cree en la palabra de Casado más de lo qu e cree en la palabra de Iglesias y Rivera, pero sabe también que para conseguir la abstención de los populares debe renunciar a un Gobierno con Podemos. 
 Es curioso que en las últimas semanas, cuando se adivinaba que Podemos podía fallar en la investidura, voces autorizadas del PSOE comentaban que solo los dos partidos con experiencia de Gobierno, PSOE y PP, tenían sentido de Estado y ponían a España como prioridad antes que a sus intereses políticos y personales, sugiriendo un gran pacto entre los dos partidos para sacar adelante los asuntos más urgentes. No pronunciaban la palabra coalición, pero lo que proponían era algo muy parecido. Olvidaban que hace tres años, cuando se produjo la situación anterior de bloqueo porque ni Sánchez ni Rajoy lograban ser investidos, Rajoy propuso precisamente eso, un gobierno de coalición, según el modelo de otros países europeos del entorno. 
EL EJEMPLO DE PORTUGAL. A Sánchez, sin embargo, le gusta más el modelo de Portugal o Dinamarca, gobiernos con pactos de investidura y legislatura, pero sin que entren en el Consejo de Ministros los partidos de apoyo. Ha sido un gran éxito en Portugal; de hecho Sánchez ha visitado en varias ocasiones a Antonio Costa, con el que mantiene una excelente relación… pero en España no ha encontrado el socio necesario. 
Podemos está dispuesto a apoyar a Sánchez como presidente, pero exige el oro y el moro, una Vicepresidencia incluida, y Rivera, al menos hasta ahora, ni se plantea una opción que no sea un no rotundo a la investidura de Sánchez. En política cambian mucho las situaciones, pero parece difícil que el presidente naranja, después de lo que ha dicho en los últimos días, pueda aceptar ahora convertirse en miembros de la «banda» de Pedro Sánchez.
El bloqueo actual, la dificultad de formar Ejecutivo, exaspera a Sánchez, que al fin ha comprendido que con 123 escaños es una tarea muy complicada presidir un Gobierno pese a las sonrisas de la noche electoral del 28-A. Tendrá vacaciones en familia, pero no faltarán los contactos con su equipo, aunque la mayoría serán telefónicos. No se prevé en cambio que hable con dirigentes de otros partidos, en todo caso lo harían personas del grupo negociador, aunque no hay nada previsto.
Esta situación condiciona también las vacaciones del Rey, que a principios de septiembre iniciará una nueva ronda de negociaciones con los dirigentes de los grupos parlamentarios y, si cree que Sánchez puede contar con apoyos suficientes, le propondrá nuevamente para que sea candidato. 
Lo sería solo si el propio líder socialista estuviera seguro, esta vez sí, de que saldría elegido. En caso contrario le expondría a Felipe VI su deseo de no ser candidato… Y si no hay un aspirante a ser investido antes del 23 de septiembre, habrá elecciones el 10 de noviembre.