TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


El exterior

Cuando teníamos a Alemania por un grupo de robots que usaban maquinaria pesada en lugar de partes del cuerpo, de repente Jurgen Klinsmann resolvía un mano a mano con el portero con el exterior del pie derecho. ¿Cómo? ¿No la ha reventado? Porque así se programaban los atacantes de la ‘Mannschaft’, tipos que cuando se quedaban delante del guardameta disparaban como un fusilero frente al paredón:si había que atravesarle el pecho al ‘uno’, se le atravesaba de un pelotazo. Klinsmann, como no demasiados goleadores en la Historia del fútbol, usó esa parte del pie que pocos usan para confundir al portero, darle a la pelota la parábola exacta hacia el palo largo y, sí, marcar un golazo. 
¿Por qué nos parece tan espectacular un golpeo con el exterior? El mejor gol de falta que recuerdo lleva la firma de Roberto Carlos, que con ese toque de ‘tres dedos’ logró que el balón dibujase la más espectacular curva de la Historia en un Francia-Brasil. Supongo que es un golpeo sorprendente por inusual, porque todo hijo de vecina usa el empeine total para imprimir fuerza y el interior para darle al esférico las ‘roscas’ más habituales. 
Así que cuando en una sola jornada (un solo día realmente:el pasado miércoles) vivimos dos goles como los de Oxlade-Chamberlain para el Liverpool o Sabitzer para el Leipzig -un gran consejo:búsquenlos si no los han visto- podemos asegurar que estamos ante la contemplación de un fenómeno extraño, como el vuelo de un cometa próximo a la tierra, un gol de Vinícius, un partido plácido de Ter Stegen, una goleada del Atlético o un año tranquilo para el Valencia. Y todo porque hay futbolistas con carreras muy largas y brillantes, tipos que han ganado muchos millones, que apenas han usado dos tercios de su pie, la herramienta con la que se ganan la vida.