Lágrimas azules para Lucía Bosé

A.M.
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En la muerte de la popular actriz, madre de una saga de artistas, que creó en Turégano el Museo de los Ángeles y decidió residir en Brieva, hace 23 años

Lágrimas azules para Lucía Bosé - Foto: Diego de Miguel

Apoyada en la ventana incrustada en la puerta rústica del acceso a su vivienda en Brieva, pintada del mismo azul eléctrico que el color de su pelo, como los marcos de toda la carpintería, este 14 de marzo, la actriz Lucía Bosé publicaba una fotografía en su cuenta de Instagram en la que aún se lee: «Yo también me quedo en casa. Si queremos que esto acabe pronto, en casa. #iorestoacasa [yo me quedo en casa] #andràtuttobene [todo irá bien]». 
Hoy, la lloran todos los vecinos de esta localidad segoviana,  a donde llegó hace 23 años, con apenas cincuenta habitantes en invierno, y un gran mundo de gentes de la cultura y el arte que le tenían aprecio, en España y en Italia –donde fue miss en 1947–, su país de origen, pese a ese escudo tras el que trataba de parapetarse cuando venían mal dadas o se le acercaban escudriñando los expertos en remover vísceras.  Sus 89 años le daban el poso suficiente como para sonreír y mirar con calidez a quien elegía, cantar con los amigos, o simplemente callarse o lanzar secas sentencias ante quien la pudiera incomodar.
Se identificaba con la feminista Frida Cahlo, que representa el empoderamiento, la libertad, la inteligencia y la personalidad, también llevaba una vida poco convencional, y no se escapó de momentos de dolor, posiblemente  reconociéndose en una de las populares frases de la pintora mexicana: «Lo único de bueno que tengo es que ya voy empezando a acostumbrarme a sufrir…».  Sobre todo, últimamente, cuando le tocó vivir la muerte de su nieta Bimba, quien precisamente había terminado dando el tono celeste al pelo de su abuela, quizá con la idea de que atrajera a sus ángeles y arcángeles; o el desfile ante el juzgado por una denuncia por la posible apropiación de un dibujo de su amigo Pablo Picasso, que el pintor regaló a la empleada doméstica y que como no le gustó se lo entregó a ella. Fue absuelta. 
La viuda del torero Luis Miguel Dominguín y madre de Miguel, Lucía y Paola llegó a Segovia retirándose del ruido de la gran ciudad,  conduciendo lo que ella llamaba una camioneta y comenzó a impulsar la creación del que fue su Museo de los Ángeles, en Turégano,  que consiguió abrir en una antigua fábrica de harina, el 29 septiembre de 2000, festividad de San Miguel, aunque su idea inicial era haber ocupado la iglesia románica del interior del castillo, dedicada al arcángel, pero no alcanzó un acuerdo con el Obispado.  Se declaraba cristiana, pero no católica.   
En su proyecto, con más de setenta obras de la colección privada de los Dominguín-Bosé, de  de artistas europeos y latinoamericanos, menos Ginés Liébana, especializado en obra angelical, con el que dejó de hablarse, se gastó todo el dinero que había ganado como actriz, según aseguraba.  Invirtió más de 600.000 euros en la rehabilitación, con unos gastos de mantenimiento en torno a los 240.000 euros anuales, que no pudo soportar, teniendo que cerrar en 2007.
Aún acudía muchos días al viejo edificio industrial, en cuyo patio interior colocó una escultura de nueve metros, del extremeño Miguel Sansón.  Ponía orden, renovaba fotografías, descolgaba obra, colgaba otra nueva, le divertía, «estará cerrado pero no muerto, no puede morir, entro por la mañana, hay días que me canso,  otros canto como una loca,  otros lloro, otros sonrío, tengo un museo privado solo para mí y de ángeles modernos, que es único en el mundo», confesaba mientras, entre risas,  decía sentirse como la baronesa Thyssen,  para lamentar que no le habían entendido y lanzar un mensaje a quien le pudiera interesar, incluso montarlo en otro país.  De nuevo le venía como pintada otra frase  de Frida Calho: «Donde no puedas amar, no te demores».
Este sábado tuvo que salir de casa al hospital con una problema pulmonar agravado por el coronavirus. No fue todo bien. El lunes los ángeles azules que tanto amó le elevaron a las estrellas.