Casilla de salida: los test

María Albilla (SPC)
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Para avanzar en el desconfinamiento es clave tener controlados los contagios y saber quién ha pasado la enfermedad, un reto imposible si no se hacen pruebas de diagnóstico masivas

Casilla de salida: los test - Foto: YVES HERMAN

La palabra desescalada está desde hace semanas en boca de todos. Todo el mundo quiere recuperar la libertad perdida a causa del coronavirus, pero también todo el mundo sabe que es un camino gradual y complicado que tiene que tener su punto de salida en la realización masiva de test para saber quién ha pasado la enfermedad o quién la tiene, pero es asintomático y, por tanto, un foco de contagio.
Desde el principio de la pandemia, se planteó que el testeo masivo para la COVID-19 era fundamental para frenar su propagación, sin embargo, todo lo que ha tenido que ver con estas pruebas ha estado envuelto en la polémica y el oscurantismo. Todo empezó con la compra en China de los 640.000 test rápidos fake, que hubo que devolver porque tenían una sensibilidad del 30 por ciento cuando deberían superar el 80. Hace solo unos días se supo que se cambiaron por otros que tampoco sirven. Otro tema es el de cuántos test se están realizando en la actualidad, que es una incógnita. 
Esta semana, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, apuntó que se habían hecho un millón de PCR y que se habían suministrado dos millones de test rápidos a las regiones, el mismo discurso que Sanidad lleva semanas entonando. Ahora bien, esto no significa que hayan llegado al mismo número de españoles. Por el momento, el uso de estos dispositivos se limita a los focos con mayor peligro de contagio, esto es los sanitarios, las residencias de mayores, las Fuerzas de Seguridad del Estado… Además, son las autonomías las que tienen que reportar a Sanidad los resultados y no hay estadísticas oficiales por ahora. Según un periódico de tirada nacional, en total, las pruebas diagnósticas en 15 comunidades (Aragón y Navarra no publican sus datos) sumaban el fin de semana pasado 863.000. Ahora bien, en un país con 47,4 millones de personas, ¿cómo se puede cimentar la desescalada si no hay ningún plan para la población?
Con varias semanas de retraso, el Ejecutivo empezará el lunes un estudio de seroprevalencia sobre 60.000 personas que permitirá conocer qué porcentaje de la población ha pasado ya la infección de coronavirus y está inmune. 
Hay que contar con que esta investigación se prolongará durante ocho semanas, divididas en tres rondas de dos semanas cada una, con una semana de descanso entre ronda y ronda, por lo que los resultados llegarán bastante más tarde del día 10 de mayo, cuando, en principio, terminaría la actual situación de aislamiento.
El procedimiento constará de una encuesta epidemiológica para recoger la información necesaria para conocer la existencia de un diagnóstico previo de COVID-19, la presencia o antecedentes de síntomas compatibles con esta enfermedad y los principales factores de riesgo conocidos y de dos pruebas diagnósticas: un test rápido de inmunocromatografía cuyo objetivo es localizar la presencia de anticuerpos y ofrece el resultado en 10 minutos; y un segundo, un test de medición de anticuerpos en suero, basado en ensayos de inmunoabsorción enzimática (Elisa).
La selección de los 36.000 hogares que se tomarán de muestra para lleva a cabo esta investigación la ha llevado a cabo el Instituto Nacional de Estadística (INE), que cuenta con información sobre todos los ciudadanos españoles y es el organismo público con más experiencia en encuestas de ámbito nacional con trabajo de campo en domicilios.


Incumplientos

La realización de este estudio es esencial para empezar a salir del túnel de esta primera fase de la epidemia. Una de las seis premisas planteadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) está relacionada con la transmisión controlada de la COVID-19. Obviamente, España todavía no cumple ese requerimiento, como tampoco cumple los otros cinco, que incluyen la capacidad del sistema de salud para detectar, someter a pruebas, aislar y tratar cada caso y rastrear cada contacto, la reducción al mínimo de los riesgos de brote en residencias de ancianos y centros sanitario o la aplicación de medidas preventivas generalizadas.
Así las cosas, hacer hoy una hipótesis del número de infectados en España es todavía muy difícil. «Sabemos que hay casos de personas asintomáticas, y que se trata de un número importante, y también hay personas con cuadros leves que ni siquiera contactan con el sistema por lo que no son detectables, o son cuadros que han contactado con el sistema y no se les ha hecho la prueba», apuntaba el director de Emergencias, Fernando Simón. Esta explicación lleva a pensar que las cifras oficiales, que hablan de más de 220.000 afectados, estarían muy lejos de la realidad.
En la misma línea se pronunciaba hace unos días el científico del Instituto de Investigación del Sida IrsiCaixa Julià Blanco, que forma parte del equipo clínico que busca la vacuna contra el coronavirus, y aseveraba que el número de personas contagiadas y fallecidos por la COVID-19 no es el «real», no solo en España, sino en la mayoría de los países.
«Es difícil pensar en cuál será la población diana de una futura vacuna porque no sabemos cuál es el porcentaje real de personas infectadas por coronavirus. Sabemos cuántas han dado positivo en un test, pero no cuántas han sido infectadas y la han superado de manera asintomática o son síntomas muy leves y este es un dato esencial para definir cuál es la población diana», explicaba, demostrando, una vez más, que ese testeo es clave en la lucha contra el virus SARS-CoV-2.
Teniendo en cuenta la referencia internacional, según los datos de la Oxford Martin School de la Universidad de Oxford, entre los días 18 y 19 de abril, los países del mundo que más test estaban haciendo por cada 1.000 personas eran Islandia (124,47), Estonia (31,01), Noruega (26,09), Suiza (25,52) e Italia (22,08). Les seguirían Estados Unidos, Corea del Sur, Turquía y el Reino Unido. Ni rastro de España en este Top ten, y ni siquiera en los puestos siguientes, ya sea porque hace menos que cualquier a de ellos, o bien porque el Ministerio de Sanidad no facilita los datos oficiales, como se anota en el artículo.


Los inmunes 

Desde la Sociedad Española de Inmunología (SEI) explican igualmente que controlar los casos asintomáticos, los grandes propagadores del coronavirus, y detectar entre sanitarios y cuidadores curados a quienes hayan desarrollado anticuerpos que les capacite para atender a la población, son estrategias clave tanto en la actualidad como de cara a que pueda haber un nuevo brote epidémico.
Para la secretaria de esta entidad, Carmen Cámara, los casos asintomáticos de coronavirus han sido los «grandes propagadores» no tanto por su carga viral, sino por su presencia social. En su opinión, han sido «el gran fracaso» de los países europeos más afectados por no detectarlos y aislarlos y evitar así contagiar «a una población virgen, sin anticuerpos». 
La portavoz de la SEI considera que España tiene que prepararse para poder diagnosticarlos con más test antes de la llegada de un nuevo brote en otoño, «si es que el virus nos da una tregua en verano».
«En un estado ideal todos nos tendríamos que hacer test combinando PCR y determinación de anticuerpos, pero eso no parece sostenible para el sistema. Pero sí que esos test sean accesibles para los casos leves y sus contactos de riesgo», indica Cámara, tras precisar que incluso los asintomáticos suelen presentar algún indicio de la enfermedad.
«Creemos que en España puede haber un porcentaje alto de asintomáticos, pero eso se verá en el estudio serológico» que empieza en unos días el Ejecutivo. Cuando se materialice esa investigación serológica, ofrecerá una fotografía del grado de expansión del virus en la sociedad y servirá para acometer la fase de desescalada del confinamiento.
«La inmunidad colectiva se produce cuando entre el 60 y el 70 por ciento de la población ha pasado una enfermedad y ya es posible proteger al resto y eso pasa con las vacunas de los calendarios establecidos por el sistema sanitario», manifiesta la experta, pero alcanzar esa inmunidad ahora con el coronavirus es complicado, porque su transmisión es tan rápida que, si los casos no se detectan y se aislan, terminan atascando el sistema de salud y aumenta la mortalidad, como ha ocurrido en España. 
Tiempo, aislamiento, higiene, distancia social... y test son por ahora los únicos escudos contra el virus SARS-CoV-2.